"Delectando pariterque monendo" Horacio

4 sept 2013

EL VIAJE MAS LARGO Escandinavia 1989 (textos y fotos)



"Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia."
Sir Francis Bacon (1561-1626)

Como aún no ha empezado la nueva temporada andariega, y no hay material fresco que divulgar, me ha dado por revisar viejos escritos, viejas postales y añosas diapositivas en mi "archivo histórico". Y me he decidido por compartir, con cierto retraso eso sí, este artículo montañero sobre un viaje que realizamos en el verano de 1989 al Círculo Polar Artico. Fuímos de Jerez a Escandinavia, cruzando media Europa, en el sufrido R-9 que aguantó casi 13.000 kilómetros y un mes de viaje. Eran años en los que todavía no existían los vuelos "low-cost" y en los que nuestra peseta pesaba poco en la carísima economía de países como Dinamarca, Noruega o Suecia. Un gran esfuerzo que se vió recompensado con maravillosos paisajes, algunos irrepetibles: fiordos, montañas, glaciares, lagos, islas, el sol de medianoche. Un viaje inolvidable con destino en Laponia que ahora recordamos con alegría. Y que sigue siendo, con nuestros propios medios, el viaje mas largo que hemos realizado hasta hoy.


KEBNEKAISE, LA CUMBRE DE LAPONIA

Es mediodía cuando llegamos a Kiruna. Por la mañana hemos cruzado la frontera de Noruega a Suecia a la altura de Narvik, ya dentro del Círculo Polar Artico. Kiruna es una ciudad extensa y desangelada; aún así es la capital de la Laponia sueca y un importante centro industrial y de comunicaciones. Además es la base de operaciones de la vertiente este del Parque Nacional Abisko, el más antiguo de Escandinavia, fundado en 1903. Lo primero que hacemos es buscar el centro de recepción, donde pediremos información que nos vendrá bien para nuestros planes en la zona.
…CAMINO A LAPONIA
Llevamos varios días recorriendo la península escandinava de sur a norte, por Noruega. Hemos subido casi paralelos a la cordillera de los Alpes Escandinavos y el mal tiempo nos ha acompañado constantemente. La lluvia, omnipresente, nos ha chafado los planes que queríamos desarrollar en nuestro camino a Cabo Norte, el punto más septentrional del continente. Solo disfrutamos plenamente de la montaña en una subida al glaciar Svartisen, cerca de Mo i Rana, uno de los más extensos de Europa continental con 450 kms. cuadrados de superficie. Se trata de un glaciar predominantemente llano que ocupa una gran cubeta entre montañas y que acaba en una caída impresionante a un lago que recoge los derrubios de hielo en la temporada de verano. Tuvimos la suerte de ver la caída de enormes bloques del tamaño de una casa de varios pisos. El estruendo formado al caer al agua originaba enormes olas que se perdían hacia el otro extremo del lago.
KIRUNA
Los alrededores de Kiruna son fantásticos para los amantes de la natura, pero es que así llevamos disfrutando muchos días, desde que salimos de Oslo, entre una vegetación y un paisaje exuberantes, con interminables bosques de abedules y de piceas e innumerables lagos. Toda una recompensa ante el esfuerzo que supone llegar hasta aquí cruzando media Europa. En las oficinas del parque nos informan sobre los detalles para la ascensión al Kebnekaise, de 2.114 metros de altitud. Se trata de la segunda montaña más alta del ártico eurasiático. Desde aquí al estrecho de Bering, a un paso de Alaska, solo hay otra montaña que la supere, con 2.381 m., en los Montes Verjoyansk de la Siberia oriental. De todas formas el Kebnekaise, gracias a la latitud en que se encuentra, presenta todo el aspecto y las condiciones de una ascensión de alta montaña. Sus laderas están cubiertas por nada menos que cuatro glaciares: Istalls, Stor, Bjorlings y el mayor de ellos Rabots, que se desprende por la vertiente noroeste. Nosotros intentaremos la ascensión por la ruta sur, que es la normal.
Nos informan que no hay plazas libres para dormir en el refugio Fjällstation, “campo base” de la ascensión. También nos dicen que podemos tomar el riesgo de subir sin tienda, pues es habitual que muchas reservas no se ocupen. El refugio es uno mas de la red de etapas del gran sendero GR que rodea el macizo. Sus usuarios en esta época, sin problemas de nieve en la base de la montaña, son principalmente senderistas que hacen las reservas y luego cambian de planes obligados por el mal tiempo. Nosotros vamos justos de tiempo, se nos acaban las vacaciones y decidimos subir al día siguiente. Mientras tanto buscamos sitio para pernoctar en las afueras de Kiruna, a unos 17 kms. Se trata de Yukasyarvi, un curioso y atractivo poblado lapón que se mantiene a modo de museo etnográfico. Allí encontramos un camping superior en instalaciones y magníficamente ubicado. Como ya nos viene pasando dormimos mal, la luz del “sol de medianoche” se filtra en nuestras tiendas y nuestro biorritmo meridional no se acostumbra a dormir bien sin oscuridad.
NAVEGANDO HACIA LA MONTAÑA
Por la mañana nuestro coche nos acerca al macizo por una pista recta y cuidada de más de 60 kms. hasta Nikkaloukta, que es una especie de plataforma con parking y varias cabañas para turistas. De aquí parten senderos autoguiados para excursionistas que vienen a pasar el día. Nikkaloukta está en un amplio valle tapizado, como no, de un espeso bosque. Comenzamos a andar y tras recorrer unos 5 kms. llegamos a un lago extenso, pero no muy ancho. Se trata del lago Ladtjojaure, que ocupa una antigua artesa glaciar. El cielo está encapotado, no llueve pero las cumbres más cercanas solo podemos adivinarlas entre las nubes. Tomamos una barcaza a motor que permite cruzar longitudinalmente el lago a montañeros y senderistas. Una rápida navegación, de apenas media hora, nos adentra de una forma poco habitual en el macizo del Kebnekaise. Se nos antoja curiosa la situación de ver nuestras mochilas, pertrechadas con piolets y crampones, junto a los clásicos salvavidas de la lancha. Comentamos con el resto de navegantes esta forma inusual de acceder a la alta montaña. Cuando desembarcamos empieza una ligera llovizna. Media hora de marcha para superar un escalón del valle y nos topamos con otro lago, aunque mas pequeño. En este ya no hay embarcadero y optamos por caminar por la vertiente derecha. Paramos para comer algo y el sol se asoma tímidamente entre las nubes dándonos la esperanza de un cambio en la situación del tiempo. Ya es por la tarde y aparecen los molestos y agobiantes mosquitos árticos, que nos hacen acelerar el ritmo para ganar altura y así evitarlos. El valle se ha cerrado notablemente, estamos en su cabecera y por fin divisamos el refugio Fjällstation, que se ubica bajo un bello resalte de la montaña. El refugio está sólo a 690 m. de altitud pero nuestra sensación, al ver detrás el tramo inferior del glaciar Björlings, nos hace dudar y consultar varias veces los magníficos mapas que hay en el zaguán del refugio. También llegan senderistas escandinavos, súper-equipados con la marca Fjall-Raven, que es la favorita por estos lares. Puede decirse que los que no vestimos esa marca somos de otras tierras, casi con toda seguridad. Somos los únicos españoles en el refugio y según los libros de visita pocos andaluces han pasado por aquí en los últimos años. Caemos bien al responsable del refugio,spanska, andalusiska, välkommen”. ¡Unos subtropicales en el ártico!”, y conseguimos dormir en unas literas que han quedado libres. El refugio es bastante grande y cuenta con todas las comodidades. El precio es casi el de un hotel, pero de un hotel sueco, y por lo tanto los servicios son caros. Pero nosotros, previsores, hemos traído nuestras vituallas. Cuando nos retiramos a dormir aún no hemos visto la silueta del Kebnekaise. Cada vez se agolpan más nubes y la meteo no da buena previsión.
INTENTO DE ASCENCION
Cuando nos despiertan inmediatamente miramos el reloj pues por la claridad nos parece habernos quedado dormidos. Aún es madrugada y rápidamente recordamos que la luz solar en el verano ártico no es un indicativo habitual como lo es en nuestro país. Por otra parte nos preocupa que estando unos grados por encima del círculo polar no haga el suficiente frío que quisiéramos como señal de buen tiempo. Solo desayunamos los pocos, un grupo de unos diez, que pretendemos hacer la cima. El resto del personal aún duerme; son senderistas que hacen el sendero circular de esta montaña y que van a otro ritmo. Por suerte hay algún sueco que repite ascensión y conoce bien la ruta a la cumbre.
A poco de salir ya estamos pisando tramos del glaciar. La ruta de ascenso intenta evitarlo utilizando la arista de nieve y roca, donde no es preciso el uso de crampones. Se trata de montarse en el cordal meridional, conocido como Kivelbacken, hasta la cota de los 1.700 m. Desde allí se ladea la cresta por la izquierda, lo que evita dificultades, perdiendo incluso algo de altura para luego retomarla justo en el pequeño refugio-vivac que hay antes de la arista final. Desde este punto ya se sigue directo a la cumbre sur, la más alta. Mas adelante la cima norte tiene 2.097 metros, pero la travesía es algo complicada. Estas son las referencias que nos dieron los montañeros, pues la mala suerte no se olvidó de nosotros y nos hizo volver cerca de la cota 1.500. A medida que fuimos ganando altura la lluvia fue arreciando haciéndonos utilizar las capas de lluvia por encima de los forros polares. El agua que bajaba abundantemente formó riachuelos sobre las placas de hielo del glaciar Bjorlings. Esta situación hacía que en los rellanos se acumulasen charcas que volvían frágil el hielo inferior. Algunos nos hundimos con el peligro de alguna lesión. Nos acordamos del agujero de ozono y del calentamiento del planeta entre tacos irreproducibles. Además, la lluvia y la niebla reducen la visibilidad hasta que solo vemos al que tenemos delante o detrás. El sueco que encabezaba la cordada recomendó a todos que bajáramos para intentarlo cuando mejorase el tiempo.
Ya en el refugio nos comentan que estamos bajo la influencia de una gran borrasca. Las masas de aire caliente que desde el Atlántico se desplazan hasta aquí por la influencia de la Corriente del Golfo desatan el habitual mal tiempo en esta región, por el choque con los fríos polares.
REGRESO AL SUR
Tenemos los días muy justos para la vuelta a España. Como no tenemos problemas de luz nos decidimos por bajar el mismo día a Nikkaloukta y luego en coche hasta Yukasyarvi, donde nos esperan Carmen y Marian. La mañana siguiente sigue el mal tiempo y decidimos ganar latitud sur en dirección al Golfo de Botnia para durante un par de días más seguir descendiendo con el Mar Báltico como compañero de viaje. En Estocolmo, a 1.300 kms. de distancia de Abisko, el tiempo es bueno. La decisión de no esperar para otro intento al Kebnekaise tuvo que ser rápida y difícil, pero parece que acertamos. Vemos la televisión de Suecia y aunque no entendemos nada el “hombre del tiempo” presenta sobre un mapa una enorme “S” rodeada de isobaras sobre Laponia. Consultando una socorrida guía de viajes supimos que borrasca en sueco se escribe “störm”.
Me acompañó, en esta aventura de montaña en Laponia, mi amigo Manolo Gil.

DIAPOSITIVAS ESCANEADAS DE ESCANDINAVIA
(julio-agosto 1989)

 
Ayuntamiento de Oslo.

 
Museo de la Expedición Kon-Tiki, en Bygdøy, la península de los museos de Oslo.

 
Parque Vigeland, un jardín-museo diseñado por Gustav Vigeland que está decorado con decenas de sugerentes esculturas que representan las distintas etapas del ser humano, desde la infancia hasta la vejez.

 
La estatua mas famosa del Parque: "el niño enfadado", Sinnataggen.

 
Juegos en el Parque Vigeland.

Barnaclas canadienses y cariblancas en el Parque Fogner, Oslo.

 
Casa típica noruega en los Alpes escandinavos.

El Renault 9, que aguantó bien a pesar de los calentones subiendo por los puertos de las montañas Jontunheimen.

El fiordo Geiranger, el mas famoso de Noruega. El de las postales, vaya!

 
Fiordo Geiranger.

Las Hytter son las pequeñas cabañas de madera, perfectamente equipadas, que puedes encontrar en cualquier camping de Noruega y Suecia. Poca gente monta tiendas. El frío y la lluvia (casi a diario) hace que los campistas utilicen sus caravanas o estas simpáticas casitas.

 
La carretera de montaña Trollstigen, en Rauma, que cruza varias veces la cascada Stigfossen, con una caída de 320 metros.

En el centro de Noruega visitamos el Glaciar Svartisen. Uno de los mas extenso de Europa.

 
Uno de los brazos del Svartisen finaliza a 7 metros sobre el nivel del mar, siendo este el punto más bajo de todos los glaciares del continente europeo.

 
Las Islas Vesterålen, ya dentro del Círculo Artico, a las que llegamos embarcados en el ferry de Bognes.

La isla de de Andøya, la mas septentrional del archipiélago, fué nuestro punto mas al norte del viaje. A pesar de ello fue donde disfrutamos del mejor tiempo.

 
Nos alojamos en el albergue de pescadores de Bleik. Desde su puerto montamos en un pequeño bacaladero para conocer las colonias de aves de Bleiksøya.

 
Colonia de frailecillos, conocidos como los "pingüinos del ártico".

Pareja de frailecillo atlántico o frailecillo común (Fratercula arctica).

Ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus).

Marian junto a un grupo de cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis).

Visita al Museo Polar de Andenes, pequeño y con los carteles solo en noruego. Poco turismo llega aquí.
Pequeña iglesia luterana, la religión mas extendida en Noruega, en la costa de las Vesterålen.

Charranes árticos (Sterna paradisea), las aves mas viajeras del planeta. Vuelan 70.000 kms cada año de polo a polo, lo que equivale a tres viajes de ida y vuelta de la Tierra a la Luna, durante la vida media de uno de estos gaviotines.

Playa en las Vesterålen. Arena blanca llena de plantas con flores, tiempo soleado, pero el agua helada.

 
Este tiempo nos animó a plantar, por una noche, la tienda (que estaba en lo mas hondo del maletero). Un señor nos prestó su prado para pasar la luminosa noche ártica.

 
Carmen y Marian esperando al sol de medianoche. En estos días del año fue bajando hasta cerca del horizonte hasta eso de las 02:00 h., e inmediatamente volvió a subir. A las 04:00 h. estaba radiante. Para unos subtropicales como nosostros cuesta trabajo dormir con tanta luz.

La costa continental, a la altura de Narvik, nos espera para seguir viaje hacia la Laponia sueca.

 
Frontera noruego-sueca. El tren de Narvik (Noruega) a Kiruna (Suecia), el Artic Circle Train, nos acompaña durante todo el trayecto.

En las afueras de Kiruna queda Yukasyarvi, un poblado lapón bien conservado con un camping bien acondicionado para el mal tiempo que suele hacer en esta zona de lagos árticos.

Llueve en Yukasyarvi, Laponia sueca.

 
Desde Kiruna partimos hacia nuestro objetivo de montaña. El Kebnekaise, la montaña mas alta del Artico europeo. Con solo 2.114 m.s.n.m. pero con cuatro glaciares en sus laderas. En la foto, Manolo Gil por un sendero entre abedules (Betula pubescens).

Prados llenos de junco lanudo (Eriophorum vaginatum) que evitamos pisar gracias a las pasarelas de madera convenientemente colocadas.

El lago Ladtjojaure, que nos separa de la base de la montaña.

 
Postal del embarque hacia el Kebnekaise, que puede verse al fondo de la imagen.

 
Mi mochila, con piolet, navegando hacia la alta montaña.

Camino del Refugio Fjällstation, que queda junto al promontorio en la base de la montaña. El glaciar de la derecha es nuestra ruta de ascenso.

 
Refugio Fjällstation, a 690 m.s.n.m.

Subiendo al Kebnekaise con mucho frío y con capa de lluvia. Cuando estabamos cerca de los 1500 m., sobre el glaciar Björlings abandonamos (con rabia, pero sabiamente) por la mala visibilidad y el peligro que presentaba el hielo.

Nuestro último sol de medianoche en Laponia.

 
Descendemos por el mapa cruzando, hacia el sur, el Círculo Artico. En el paralelo 66º N encontramos estos carteles de dirección y distancia.

Mil y pico kilometros al sur nos espera Estocolmo, bella ciudad donde paseamos y descansamos. Casa de Correos en Skansen (Estocolomo).

Dejamos Escandinavia con una visita a Copenhague, la capital danesa. Un largo y magnífico viaje del que apareció una reseña en el diario EL PAIS (enviada por mi amigo Manolo) y que tuvieron a bien publicar.
Fuímos: Carmen Hurtado, Manolo Gil, Marian Pizarro y José Manuel AV.

22 ago 2013

EL EXTREMO ORIENTAL ANDALUZ Sierra Almagrera y Pulpí

  "Era allá por 1838 que dos hombres, Pedro Bravo y Andrés López alias "el perdigón", subsistían al pie de la sierra dedicados a labores propias del campo como el pastoreo y la recogida de leña. También servían a alfareros cargas de tierras oscuras con motas brillantes, que estos utilizaban para dar la capa de vidriado a sus vasijas de barro. Tierras que arrancaban en un tajo del Barranco del Jaroso. Quiso el destino que en esta relación entre pastores y alfareros se cruzara un hombre ilustrado que conocía otras utilidades de aquellas oscuras tierras. Poco tiempo después unos vecinos de Cuevas del Almanzora formarían la primera sociedad minera de Sierra Almagrera. Tras vender las primeras partidas de mineral a una fundición de Adra, esta advirtió de la gran cantidad de plata que contenía la galena, cosa que desconocían. ¡Plata! Una palabra mágica que convirtió la sierra en un hervidero de aventureros, oportunistas y trabajadores en busca de esta nueva fuente de riqueza. El formidable filón del Jaroso hacía a hombres ricos de la noche a la mañana, alentando una fiebre minera que pronto se conoció por todo el país."

extracto del blog Bajo los Espartales

UNA ESCAPADA, DESDE CABO DE GATA, AL NORESTE DE ALMERÍA PARA CONOCER SIERRA ALMAGRERA Y LA COSTA DE PULPÍ.
ESTA SIERRA Y ESTE TRAMO DE LITORAL, QUE LINDAN CON LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MURCIA, CONSTITUYEN EL EXTREMO MAS ORIENTAL DE ANDALUCÍA.
UN RINCÓN DE NUESTRA REGIÓN QUE NO CONOCÍAMOS Y QUE GUARDA CIERTAS PECULIARIDADES QUE MERECEN SU VISITA.

 
Sierra Almagrera es una inhóspita sierra que corre paralela a la costa mediterránea entre Villaricos y Pozo del Esparto; ambas pedanías del municipio almeriense de Cuevas del Almanzora. La carretera provincial AL-1065, que recorre las caídas de la sierra al mar, será nuestra ruta para conocer lo que queda de lo que fue una floreciente industria minera y sus instalaciones, declaradas Patrimonio Histórico Andaluz.

 
Nos llaman la atención las chimeneas que coronan algunos cerros de Sierra Almagrera. Como esta de la foto, a la que llega una galería que sube el cerro rodeándolo. Resulta ser una construcción para evacuar los gases tóxicos desde una fundición. ¡¡Ya se cuidaban, hace un siglo, de los malignos gases de plomo!!

 
Con la marea baja aparecen las rocas de la costa con un fuerte color a óxido. Parece un aviso de la riqueza mineral de Sierra Almagrera.

La galena argentífera fué el mineral que produjo la fiebre minera en esta pequeña sierra almeriense de apenas 8 kms de largo por 3 de ancho. En el siglo XIX se registraron mas de 1.700 minas, algunas se explotaron hasta 400 metros de profundidad. Estos datos convirtieron al lugar como el mayor distrito minero de plata nativa de Europa. En la foto un cargadero de mineral junto al mar.
"No hace muchos años que nada hacía presentir la existencia en Cuevas de tan inmensa riqueza. Dicha población vivía, como la mayor parte de las de España, de sus productos agrícolas. No se había imaginado siquiera que aquella tierra debiese a la naturaleza otros dones que la fecundidad de sus campos y la esplendente hermosura de su cielo. Cerca de las tierras que cultivaban, aquellas montañas que se presentaban a su vista estaban rellenas de plata, muralla al par y precioso cimiento con que Dios los había enriquecido."
"La Ilustración Española y Americana", Madrid 12 de julio de 1871
Tolva del cargadero (del tamaño de un campo de fútbol) con los huecos por donde se escurria el mineral hacia los muelles de embarque.

Restos del cargadero de la Cala de las Conchas. Este fué el lugar que escogimos para subir monte arriba para ver las construcciones mineras. Al final acabamos con un agradable baño en la cala.

Subimos por Sierra Almagrera para conocer y fotografiar su patrimonio minero. Las matas de esparto dominan sus laderas. Esta fibra vegetal estuvo intimamente ligada a la minería, como luego veremos.

En plena canícula apenas encontramos flores. Estas amarillas son del rascamoños (Launaea arborescens), un matorral espinoso típico de lugares subdesérticos. En la península solo está presente en el sureste ibérico (fuera se encuentra en Canarias, Madeira y Marruecos).

Desde uno de los mas altos cerros, el Cabezo de la Templanza, vemos como baja, en rectísima diagonal, una construcción a lo largo de todo el desnivel serrano. Se trata de un plano inclinado por el que bajaba una línea férrea (como un funicular) con vagones cargados de mineral.

El plano inclinado acaba en un túnel cuyo final es esta gran trinchera en la ladera de la sierra.

Nos adentramos en la trinchera. Una higuera nos da algo de sombra (se agradece) y un caño de aire fresco nos alivia de la subida.

El aire sale por el hueco que queda de lo que fue una gran obra de ingeniería. Los derribos y arrastres de tierra y piedra casi han tapado el arco del túnel inclinado, rematado por una obra de ladrillo.

Nos asomamos, sin entrar, y vemos el amplio túnel que sube montaña arriba. Donde éste acaba seguía la línea férrea a cielo abierto sobre el plano inclinado que vimos antes.

En las paredes de la trinchera quedan al descubierto curiosas formaciones pétreas.

Desde la trinchera partía, acercándose a la costa, otra línea férrea llana y de pequeño recorrido (apenas medio km.).

En este tramo encontramos, entre lascas de pizarra (roca abundante en Sierra Almagrera), trozos de carbón mineral de las locomotoras utilizadas para tirar de los vagones mineros.

Este tramo llevaba el mineral a una tolva intermedia (se ve arriba en la foto), donde se descargaba para salvar otro escalón en el terreno. De esta tolva bajaba por gravedad a las galerías inferiores (túneles mas pequeños que el de mas arriba).

 
Interior de una galería inferior de carga. Una hilera de vagonetas se iba llenando con el mineral que caía por los huecos.

En estas galerías es fácil encontrar restos del preciado mineral. Como este trozo de galena argentífera que nos llevamos de recuerdo.

Desde aquí ya vemos la Cala de las Conchas, con los restos ruinosos del cargadero. Estas instalaciones se construyeron por la bilbaína Sociedad Argentífera de Almagrera para conducir el mineral desde Barranco Jaroso hasta la costa. Entró en servicio en junio de 1912 y su existencia fue efímera al dejar de funcionar a los pocos meses porque el agua subterránea inundó las minas de la compañía vasca.

En nuestro descenso encontramos otra planta de flores amarillas. Es la Ononis sp., una planta de tacto pegajoso que aprovecha la araña Peucetia viridis para cazar al acecho.


El lavadero de mineral, último proceso antes del embarque. En el mar todavía queda un pilote donde se apoyaba el muelle metálico voladizo hasta el que se acercaban los barcos para cargar mineral (ver abajo una imagen histórica de un cargadero similar).

La Cala de las Conchas, donde un afortunado se ha construido una "casita" donde antes estaban las oficinas del cargadero.

Nosotros nos contentamos/aliviamos con un magnífico baño en sus claras y (hoy) limpias aguas.

Seguimos costeando Sierra Almagrera hasta la costa de Pulpí. El esparto (Stipa tenacissima) crece en abundancia a un lado y otro de la carretera. En Pulpí una pequeña playa guarda una historia peculiar sobre el esparto.

Esta es la bellísima Cala de los Cocedores, en la costa de Pulpí, el término municipal mas oriental de Andalucía.

Un vistoso promontorio de origen volcánico, denominado Punta Parda, separa la cala andaluza de su vecina cala murciana.

En un lateral de arenisca de la cala, un rampa artificial permitía la bajada de carruajes hasta la misma orilla.

Por aquí bajaban las cargas de esparto recolectado en los cerros y sierras del levante almeriense y el interior murciano. El esparto se cortaba entre junio y diciembre, luego se tendía en el suelo para que se secara al sol; posteriormente había que "cocerlo" amerándolo durante 30 o 40 días para que la fibra se ablandara y así poder trabajarse mejor. Este "cocido" se hacía en esta cala (de ahí su nombre) y en otras cercanas.

Subimos al cerro que domina la Cala de los Cocedores (también conocida como Cala Cerrada), y desde aquí vemos mejor una de las piscinas de roca donde se "cocía" el esparto.

Bajamos para acercarnos a Punta Parda, pero en un breve descanso encontramos esta colección de conchas de caracoles sobre la erosionada arenisca.

Nos llaman la atención estos caracolillos de concha piramidal, por lo que nos traemos un par de ejemplares para intentar identificarlos. Ya en casa, con la Guía de Caracoles Terrestres de Andalucía no conseguimos encontrar una especie que se le parezca. Contactamos con uno de los autores, que nos dijo que se trataba de la especie Leonia mammillaris: especie típica de lugares secos, frecuentemente costeros, nativa del levante de la península ibérica y zonas del norte de África. Finalmente no está recogida en la guía andaluza.

En este hábitat también encontramos flores en esta planta típica de ambientes salinos. Es Salsola oppositifolia, común en el sureste y con una sola cita en Cádiz (de Pérez-Lara en 1887).

Bajamos del cerro que domina la cala (al fondo en la foto), recorremos la media luna arenosa (con muchos bañistas en pleno julio) y nos acercamos a Punta Parda. Unos niños juegan en las derruidas piscinas donde se cocía el esparto. La manufactura del esparto, además de sus usos tradicionales, era muy utilizada en la minería de la comarca. Los serones de esparto se usaban en los pozos mineros para acarrear el mineral hasta las vagonetas. Como era normal estos duraban muy poco, por el exceso de peso y el roce con la roca, por lo que había que reponer los cestos constantemente. Este uso necesitó de numerosos talleres de esparto para abastecer a las minas.

En la vertiente andaluza de Punta Parda el paisaje nos transporta a otros lugares del planeta (nos recuerda a una pequeña Capadocia junto al mar). En la blanda roca volcánica los trabajadores del esparto labraron cuevas artificiales desde donde vigilar el proceso.

 
Habitáculos trogloditas coronados por una torre de roca erosionada por los elementos.

Subimos a Punta Parda por una duna que pronto se convierte en pedregoso sendero. Siguen las atochas de esparto acompañándonos en nuestro paseo. Queremos colocarnos en el punto mas oriental de Andalucía.

Según la Wikipedia el punto mas oriental de Andalucía está en 37º 22' 26'' N - 01º 37' 43'' O. Esto, trasladado a una ortofoto nos da la "frontera andaluzo-murciana" que hemos resaltado en rojo.

Nos asomamos a las caídas al mar de Punta Parda y mirando al sur vemos la Isla de Terreros, que igualmente sería el islote mas oriental de la costa andaluza.

El lugar donde el terreno cambia de color está el punto mas oriental de Andalucía. Como curiosidad nuestra tierra luce un color amarillo como el albero, mientras Murcia se nos muestra oscura y con evidente aspecto volcánico.

No es aconsejable la bajada por terreno tan inestable, así que nos contentamos con ser, en ese momento, el andaluz mas a levante de nuestra geografía. Tras la cota mas alta de Punta Parda, que hace de posadero de gaviotas, podemos ver la población de Aguilas y parte de su litoral.

Desde la divisoria autonómica realizamos esta panorámica. A la izq. la Cala de los Cocedores, en el centro el istmo dunar por donde corre la divisoria autonómica. A la derecha la murciana Cala de la Carolina.


Panorámica mas amplia que la anterior. Estamos en el confín de Andalucía (Pulpí, Almería, para mas señas) y el comienzo de Murcia. Una costa diferente a la que estamos acostumbrados y que mantiene una valiosa singularidad.

Un maravilloso paisaje que invita a dejar volar la imaginación, que no parece andaluz, que te transporta a tierras lejanas. Este es el extremo oriental de Andalucía, que ya conocemos y es tan distinto al extremo occidental, allá por la ribera del Guadiana onuvense.