"Delectando pariterque monendo" Horacio

22 nov 2021

SADO Y ARRÁBIDA

 

"Cuando las prueba queda maravillado por su sabor, que es mejor que otras naranjas que ha probado de Sóller, de Andraixt, de Barcelona, de Valencia, de Denia, de Murcia, de El Chorro de Málaga y de la misma Córdoba. Aunque reconoce que degustarlas con estas vistas a la desembocadura del río Sado, desde la escarpada costa de Arrábida, hagan tan deliciosas las naranjas de Setúbal."

Basado en “Excursions botaniques en Espagne et au Portugal"de Robert Chodat, Ginebra, Suiza, 1909.


 Escapada rápida pero efectiva a la "nariz de Portugal". Ese tramo de costa con forma de apéndice nasal que forma la península de Setúbal sobre la desembocadura y estuario del río Sado. Queremos conocer las mejores poblaciones del planeta de un pequeño enebro endémico de la península ibérica que se creía exclusivo de la costa portuguesa, hasta que en 2002 un grupo de botánicos de la SGHN publicaron su presencia en los pinares de Puerto Real. Para ello recorreremos zonas dunares, extensos pinares y -ya que estamos- la Sierra de Arrábida, que corre paralela al mar desde Setúbal hasta el cabo Espichel, uno de los más occidentales del continente europeo.

 

 

Quedamos con un botánico -que nos va a enseñar los enebros- de la Universidad de Evora en la Reserva Natural das Lagoas de Santo André e Sancha. Un espacio lacustre costero rodeado de tramos de campiña y pinares.

Mientras llega damos nuestro primer paseo tras varias horas de autopistas y autoestradas. Y hacemos nuestras primeras fotos: cópula de libélulas.

  

Malvavisco (Althaea officinalis). Una planta muy apreciada y con numerosos usos tradicionales.



Pinares de pino resinero.

 

 Tiesto de barro para recoger la resina.

También hay grandes rodales de pino piñonero. De hecho esta comarca es de las de mayor producción de piñones de Portugal. Con piñones, harina y miel hacen estos dulces con forma de rombo, de origen árabe por su forma y los ingredientes utilizados; también su nombre: Alcomonia, palabra que significa “el color del comino”.

  Setas en un tronco de pino.


Por fin los primeros enebros mezclados en una mancha de brezal tipo mediterráneo, aunque estemos junto al Atlántico.


Su nombre científico es Juniperus navicularis. En Andalucía no tienen nombre común, pero aquí en Portugal les llaman "piorros".


Un pequeño Juniperus navicularis rodeado de brezo en flor, algún espino y camarina.

 

La camarina (Corema album) es una planta endémica de la península, vive en los arenales costeros atlánticos, desde Finisterre al Estrecho de Gibraltar. Su presencia da nombre a poblaciones, cabos, montes, etc... Sus frutos, blancos y carnosos se comían como golosina aunque de sabor ácido.

 

Brezo en flor (Calluna vulgaris).


Tomillo carnoso (Thymus carnosus). Un tomillo de hojas suculentas endémico de sistemas dunares de Portugal y Huelva.

 

Oruga de Brythis crini, que se alimenta exclusivamente de la azucena de mar. En Cádiz no está presente, a pesar de la cantidad de azucenas que tenemos en nuestras costas.




Amapola marina (Glaucium flavum).



Una de las joyas en flor de los arenales al sur del Sado: la linaria ficalhoana (Linaria bipunctata subsp. glutinosa). Endemismo portugués.


En el vértice Caracola, a 41 m. sobre el nivel del mar. Ante nosotros la Praia da Sancha.



Junto al vértice vemos estos "alevines" de Juniperus navicularis. Algo imposible de ver en los pinares de Puerto Real por una cuestión rara y a la vez curiosa. Los ejemplares gaditanos no producen frutos que den lugar a nuevos ejemplares. De hecho hemos venido también porque queremos ver frutos del navicularis.

Ocaso en Praia de Santo André.


En la península de Troia esperamos que llegue el primer transbordador que nos cruzará a Setúbal por el amplio estuario del río Sado.


Mientras llega nos da tiempo a un paseo por un arenal de Troia. Aquí vemos la Armeria pungens.


Y este focinho de coelho (Antirrhinum linkianum) que es endémico del centro de Portugal.
 
Cruzamos el estuario y ahorramos más de una hora de carretera.

 Llegaremos a Setúbal. Una ciudad de la que dicen "é um mundo", porque combina en un reducido espacio una hermosa ciudad portuaria, una bahía-estuario en plena desembocadura, una sierra boscosa y un frente atlántico con pequeñas playas y acantilados.
 

Al oeste se abre la "boca del Sado". A un lado la península de Troia, con unos horribles edificios plantados en plena flecha litoral. Y al otro la península de Setúbal con la Serra de Arrábida cayendo al mar. Pronto estaremos por allí arriba!!
 
 Un par de imágenes de Setúbal mientras la cruzamos. Parque con las especies de peces del estuario y una simpática escultura.
 
Y un gran mural (20 m. de alto) titulado
Rapaz dos pássaros”, basado en una foto realizada en 1930 a un niño setubalense vendedor de pájaros. Es obra del artista portugués Sergio Odeith. Tendremos que volver algún día para conocer mejor esta ciudad. 


En pocos kilómetros, desde el puerto de Setúbal, estamos serpenteando por la N379-1 camino de un paraje emblemático de Arrábida. Al fondo el estuario del Sado (que recién cruzamos) y la península de Troia, con sus islas de arena.


Tirando un poco de zoom vemos mejor el estuario y Troia.


Y la isla de arena con forma de barján.



Paramos en el Convento da Arrábida. Es visitable pero no este día porque se celebra un congreso. Hace 6 años escribimos un artículo sobre el viaje del botánico Robert Chodat desde Suiza a la península ibérica en 1909. En este mismo lugar estuvo el ginebrino cuando era un monasterio en ruinas (C. de Bom Jesus), haciendo excursiones disfrutando de la flora del paraje y probando las mejoras naranjas que recordaba. Y con estas vistas!!
 
 
   Nosotros no tenemos naranjas setubalenses pero si una copa de vino de Jerez para brindar ante tan bello paisaje.


Si que pudimos dar un paseo por algunos de los eremitorios repartidos en la montaña por encima del monasterio.


La roca caliza y la vegetación nos recuerda a nuestra Sierra de Grazalema. Bellotas de coscoja con porte arbóreo.


Eremitorio con el Atlántico de fondo.


Piruétano o peral silvestre (Pyrus bourgaeana).


Frutos de madreselva (Lonicera implexa).


Seguimos por Arrábida camino de Cabo Espichel, pero paramos en la Ribeira do Risco para ver un curioso paraje geológico. Unas marmitas de gigante de un tamaño poco normal.

Gigantescas marmitas de gigante (valga la redundancia) excavadas por el agua y los cantos rodados en este gran escalón calizo.

  Allí mismo vemos estos helechos raros (que no parecen helechos) del género Isoetes.

  Y estos escondidos parajes calizos son ideales para ver especies de caracoles con nombres tan complicados como Backeljaia gigaxii.

 

O esta bonita Oestophora barbula, endémica de Portugal.

 El caracol actual es Cepaea nemoralis (no lo tenemos por el sur) y los fosilizados en la caliza son del género Nerinea, Nerinella o afín.

  Bonito el faro de Cabo Espichel, que curiosamente no queda -como otros- asomado al extremo del cabo.

Puede ser porque este cabo es de una roca tan deleznable que parece que está a punto de derrumbarse. El Santuário de Nossa Senhora do Cabo Espichel ya casi se asoma al acantilado.

Lo que se atisba en el horizonte es la famosa costa lisboeta entre Carcavelos y Cascais.

 El cabo Espichel se adentra en el Atlántico como una espina con acantilados de más de 100 metros (espichel es espina en portugués).

 
Desde Espichel nos adentramos en el interior de la península de Setúbal. Nos han pasado localizaciones interesantes de Juniperus navicularis. ¡¡Todavía no hemos visto sus frutos!! En las fotos (superior e inferior) la flor más abundante y bonita de estas fechas: Crocus serotinus (falso azafrán). Son muy fotogénicos.

 

 Casi en el centro de la península, en el extenso Pinhal de Flandres, volvemos a ver Juniperus navicularis, algunos de gran porte como estos de la foto. Según Flora Ibérica pueden llegar hasta 2 m. de altura, pero ¡¡aquí algunos llegaban a casi cuatro!!

Una bonita oruga nos hace pensar que se alimenta del navicularis. Finalmente se trata de una oruga de procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) que se debe haber caído de un pino.

Tras varias vueltas por el pinar finalmente damos con algunos ejemplares cargados de frutos. Las bayas están ahora madurando, pasando del verde a un tono rojizo. Algunas son fáciles de estrujar y nos regalan un agradable olor a ginebra fresca.

Juniperus navicularis fue una planta descrita -tras un viaje botánico a Portugal en 1910- por el francés Jean Michel Gandoger, abate, médico y botánico. Hasta entonces lo tenían por un enebro común que crecía poco por la sombra de los pinos. Gandoger notó las diferencias y lo "bautizó" como navicularis por la forma de sus hojas, pequeñas y con dos franjas blancas que posiblemente le recordaban a las barcas portuguesas que había visto en Troia o Alcaçer do Sal (ver publicación abajo).
 

 De Setúbal bajamos de nuevo hacia el estuario. Merece una visita Alcaçer do Sal, una pequeña ciudad que se acomoda a los meandros del río Sado. Una amable salacience nos reconoce que Alcaçer ya hoy no tiene salinas, y debería llamarse "Alcaçer dos Arrozais".

Barcazas portuguesas en el puerto fluvial de Alcaçer.

   

¡¡Calleja de las españolas!! ¿Qué historia tendrá?

Una de las delicias de Alcaçer. 

Cerca de Alcaçer se encuentra un paraje de lagunillas y turberas conocido como Açude da Murta

 

Está rodeado de dunas y pinos y por allí cerca encontró Gandoger el navicularis y otras plantas interesantes.

 Como este nenúfar blanco (Nymphaea alba). Las poblaciones más cercanas a Cádiz están en Doñana.

 
Menta de lobo (Lycopus europaeus), siempre cerca del agua. Esta si la tenemos cerca de casa!!

 

El Moinho de Murta, sobre la duna más alta de la zona.

Flora de arenales: Silene portensis.

 
Salvia verbenaca.

Silene niceensis.

 
Echium rosulatum.

Halimium halimifolium, con una mosca disfrazada de avispa (sírfido).

Dianthus broteri.

 
Y un último Juniperus navicularis (sin bayas) con el fondo de los arrozales del Sado.

Para acabar, un bonito atardecer en un singular rincón del estuario del Sado. Este puerto de pescadores que se mantiene en el estuario. 

Se conoce como el Porto Palafita, un entramado de pasarelas clavadas en el fango que se mantiene en uso por los pescadores de Carrasqueira, aguantando las bajadas y subidas de marea. 


Por cierto, probamos las naranjas de Setúbal. Un naranjo junto a una casa en ruinas nos regaló unos cuantos kilos de esta fruta invernal. Naranjas con un sabor intenso y cargadas de zumo, de un viejo árbol de esos que daban frutas llenas de semillas. ¡¡Como las naranjas de nuestra niñez!! ¡¡Puede que Chodat las probara de ese mismo árbol!! 😜
 
 


14 comentarios:

  1. De nuevo un fantástico viaje que nos regaláis. Gracias, José Manuel.

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  2. Qué comarca, que relato 🍊🍊🍊

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  3. Que estupendo viaje!! Que ganas de conocer esos parajes! Muchas gracias por compartir, Jose Manuel!!

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  4. Cuando leí Sado, pensé que cambio más radical, hoy no nos va a hablar de plantas y bichos, jejeje, un lugar precioso para visitar.

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    1. Pues te digo que Facebook me ha pedido explicaciones al reconocer ese texto. He tenido que justificar de qué se trata!!

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  5. Vaya, se le despierta a uno las ganas de aventuras. Estoy planteándome hacer la Raya completa y me parece que voy a hacer más de un desvío a un lado y al otro.

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