"Delectando pariterque monendo" Horacio

21 ago. 2018

POLILLAS, ARTE RUPESTRE Y UN MILIARIO ROMANO

Alguien escribió que el planeta podría seguir adelante sin mariposas, pero no sin abejas, imprescindibles para polinizar plantas para que así la agricultura siga alimentándonos. Señalaba que también las mariposas son polinizadoras, pero estas eran menos importantes para la alimentación de la población. Pero luego el mismo autor destacaba que sería imposible imaginar la Tierra sin la belleza de las mariposas. No era biólogo claro, más bien poeta, quien escribía estos pensamientos. En esto último estamos muy de acuerdo. El atractivo de estos bellos insectos voladores ha atraído al hombre desde la antigüedad. Pero hay otras mariposas menos conocidas; son más numerosas y no menos atractivas que las que podemos ver volar a pleno día. Son las mariposas nocturnas, o polillas. Un mundo interminable de "hadas invisibles" que salen de noche a volar. Para verlas hay que tener suerte o, más fácil, atraerlas con trampas de luz.
Nos desplazamos a El Burgo (Málaga), un pueblo de la Serranía de Ronda y puerta importante del Parque Natural Sierra de las Nieves. Allí el amigo José Manuel Moreno Benítez de "ConoceNatura, Ecoturismo y Educación Ambiental" ha organizado una actividad gratuíta del Parque Natural. Un Taller de Mariposas Nocturnas desde el anochecer del sábado hasta la madrugada del domingo.

El lugar elegido no podía ser mejor. El área recreativa La Fuensanta, a pocos minutos del pueblo y dentro ya del Parque.

Como hemos llegado pronto y hay que esperar que anochezca nos acercamos a otro paraje del Parque: Los Sauces.

 Hacemos tiempo dando un paseo por el entorno y haciendo fotos de plantas y bichos. Allí se encuentra esta placa que recuerda que en estos montes el botánico suizo Edmond Boissier descubrió el pinsapo para la ciencia (1837).

 
 Agrimonia eupatoria, de nombre vulgar: "mermasangre" o hierba de San Guillermo.

 
 Cópula de Mylabris quadripunctata. Su apellido (quadripunctata) se debe a los cuatro puntos negros -de distintos tamaños y formas- que tienen en cada élitro.
 
Exuvia (o piel mudada) de una chicharra.

 Xerosecta promissa, un caracol endémico de la mitad sur de la península ibérica.

Elatérido un segundo antes de dar un salto y desaparecer como por arte de magia. Estos escarabajos cuentan con un exclusivo mecanismo de clic: una espina corporal que genera un chasquido cuando entra en una muesca del esqueleto, produciendo un rápido chasquido que lanza al insecto al aire. Y entonces... búscalo!!

 
 Colpa quinquecincta, una avispa preparándose para pasar la noche agarrada a esa gramínea.

Por encima del Convento de las Nieves destaca la caliza Sierra Cabrilla (1.503 m.). Cuentan que su nombre proviene del apelativo con que llamaban los lugareños a aquella mole rocosa: la "sierra que brilla"; seguramente por sus paredes blancas y heladas en invierno. De ahí fue derivando al actual Sierra Cabrilla.

Rollo (columna de piedra rematada por una cruz) de los que señalaban el camino al antiguo Convento de las Nieves.

Regresamos al lugar del taller de mariposas nocturnas. En la foto el Manantial de la Fuensanta, represado para dar fuerza a las piedras del molino que queda abajo.

 Flores del entorno del manantial. Un Cirsium pendiente de identificar.

 "Flor de la viuda" o "alfilerillos":
Trachelium caeruleum. Siempre cerca del agua o de humedad.

Bupleurum fruticosum, también en flor.

 Y comienza el montaje de las trampas de luz. Fueron varias. Una de ellas es esta con tres puntos de luz ultravioleta sobre tela blanca.

 Otra es esta con luz led sobre una caja blanca. Este modelo se deja toda la noche. Las mariposas que se acercan entran en la caja iluminada y se resguardan entre cartones. Por la mañana se examinan antes de que vuelen a sus refugios diurnos (troncos, ramas, cuevas, bajo vegetación, etc.).

 La trampa ya montada.

La más grande y puede que más efectiva es esta tela blanca vertical con dos puntos de luz (mercurio e incandescente), uno a cada lado. Hay que aclarar que aunque se le llame "trampa" estos artilugios no provocan la muerte de las polillas. Estas solo son atraídas por la luz que tras apagarse y desmontarse se dispersan por la oscura noche.

 
Es encender luces y ya están allí las primeras y más numerosas de la noche.

Pero con todo ya montado es momento de dejarlas funcionar y retirarse un breve tiempo para cenar y preparar cámaras y libretas para apuntar todo lo que vamos a ver.

Al poco ya estamos disfrutando de todo lo que las luces atraen. Hay que decir que un Taller de Mariposas Nocturnas es una actividad científica (se toman datos numéricos, de especies, etc...), pero también muy atractiva y divertida (para todas las edades) para los no científicos o naturalistas que nos encanta fotografiar todo lo que se acerca.

La fotografía es un instrumento esencial en estos talleres o muestreos nocturnos. Hay que ser ágil haciendo la foto pues puede que determinada polilla se pose unos segundos, no le guste el ambiente y se marche por donde vino. Luego vendrá el trabajo de gabinete visionando fotos en la pantalla del PC y ayudado por guías especializadas.

Con otras no hay problema. Se posan allí y hasta que no se acaba el taller no se van. Se pueden identificar "de visu". Como esta Palpita vitrealis, de alas translúcidas (de ahí su apellido).

No todas las fotos salen bien, hay que tener buen pulso o usar bien el flash. Pongo aquí las que mejor me salieron y los nombres que pude anotar o recopilar después (salvo error u omisión). Esta especie es Tethea ocularis.

Desde lejos muchas se parecen pero luego te das cuenta de las variaciones de colores y dibujos. Raphia hybris.


Idaea mustelata.

Nycteola revayana (izq.). Primera cita en el Parque Natural.

 Earias albovenosana, una belleza verdi-blanca.
Primera cita en el Parque Natural.

Cyclophora hyponoea (arriba).

No solo polillas vienen atraídas por la luz. También insectos como este saltamontes de largas antenas: Pterolepis sp.

 Una "panorámica" de la tela al cabo de una hora de luz artificial.

 José Manuel apunta todas las especies que ya conoce. Un informe de la actividad irá para la oficina del Parque Natural.

 Además de polillas de todos los tamaños son numerosos los dípteros (moscas y mosquitos: pero no de los que pican).

Una de las de la foto de arriba pero con más detalle: Pyrausta sanguinalis.



No. No me he quivocado y he puesto la misma polilla dos veces. Es que una es la hembra (arriba) y otra el macho (abajo). La diferencia: las antenas. El macho las tiene "plumosas" (rasgo habitual en muchos insectos). El nombre: Menophra japygiaria (un nombre que me resulta divertido).

Otro visitante "interesado". Se trata de una rara mantis (Perlamantis alliberti) que se alimenta de polillas nocturnas.

Itame vincularia.

 Watsonalla uncinula (izq.).

Aparece la luna por detrás del Cerro del Polvo y las polillas empiezan a volar atraídas por el gran astro nocturno. Un verde grillo de matorral (Steropleurus cf. andalusius) se mueve por encima de nuestras cabezas.

La luz de mercurio llega hasta las viejas paredes encaladas del molino de la Fuensanta. Allí también aparecen bichejos que igual no gustan de acercarse a la trampa.

Odice jucunda. Especie exclusiva de la península ibérica y sur de Francia.


Brachyglossina hispanaria. Endemismo en origen del sureste peninsular que cada vez tiene más amplia distribución.


Y no podía faltar otro oportunista cazador nocturno (y diurno). Un macho de la araña Hogna radiata.

Resumiendo: una actividad muy interesante en la que se aprende mucho, se pasa bien entre amigos y se colabora en el mejor conocimiento de la biodiversidad de la zona. Nos cuenta José Manuel Moreno que se identificaron 69 especies, algunas no citadas antes en el Parque. También nos dice que el año que viene habrá más talleres y cursos de iniciación. ¡¡Estad atentos a su web!! Gracias a la organización por todo.
 
El domingo siguiente se presenta como un radiante día de verano pero con un cielo azul que no suele ser habitual en esta época del año. El viento "terral" calienta estas sierras malagueñas y regresamos en busca del fresco poniente gaditano. Pero antes haremos varias paradas. Una de ellas en este Mirador del Guarda con magníficas vistas a la Sierra de las Nieves.  


Allí vemos una mariposa diurna que gusta del calor del verano para volar: Hipparchia fidia.

Otra parada es para subir a la Cueva del Puerto del Viento.


Aunque conocida de siempre como refugio por pastores y cabreros de la Sierra, sus pinturas rupestres fueron descubiertas y publicadas por los franceses Lya y Marcel Dams en 1979.

La abundancia de excrementos de cabras (domésticas y monteses) hace que veamos varios escarabajos tenebrionidos como este Akis acuminata.

O este de mayor tamaño y menos común que el Akis: un Blaps cf. lusitanica, o "escarabajo de la muerte". He encontrado una curiosa explicación (en Boln. Asoc. Esp. Ent., nº32, 2008) al nombre común (y al científico) de estos escarabajos: En tiempos pasados era frecuente que en las casas hubiese ratones; estos almacenaban granos entre las paredes y bajo el suelo y aprovechando ese alimento eran muy comunes también estos grandes escarabajos, sobre todo en los sotanos. Cuando los alimentos escaseaban (tiempos de hambruna para los humanos y para los ratones) los insectos se veían obligados a salir en busca de comida y se podían ver caminando por las habitaciones. Se deducía entonces que si se veían estos bichos grandotes deambulando era porque la comida escaseaba para todos y el malfario aparecía. Sin comida había desnutrición y llegaban las enfermedades y hasta la muerte. Por tanto, ver un escarabajo de estos por la casa se asociaba a un mal presagio. Esta superstición llevó en su día al entomólogo Fabricius a "bautizar" a estos bichejos negros con el sombrío nombre de Blaps (del griego Βλάπτω  = perjudicial, dañino) y con apellidos tan tétricos (al ir describiendo nuevas especies) como mortisaga, ominosa, fatídica o superstitiosa.

Más que una cueva profunda se trata de un abrigo gigantesco (unos 40 m. de alto y unos 50 m. de fondo). En el círculo verde se ve la figura de mi amigo Íñigo que todavía no ha llegado a la pared final. Los derrumbes históricos son evidentes.

Este es el panel donde con dificultad se pueden apreciar las pinturas (tonos negros), que acabarán perdiéndose. Abajo los calcos de los franceses, que interpretaron una escena de barcas a remo con ciertas similitudes a las pinturas de Laja Alta en Jimena de la Frontera.




Vistas desde el interior.

En el descenso un vistazo con prismáticos a las buitreras del Puerto del Viento.

Y algunas fotos con macro, como esta chinche Codophila varia (id. por M. Baena).

Argiope lobata. Una hembra brillando al sol.

Mantis religiosa.

Y antes de dejar la Serranía de Ronda por fin dimos con el Miliario Romano del Puerto del Viento.

Un miliario es una columna cilíndrica, oval o paralelepípeda que se colocaba en el borde de las calzadas romanas para señalar las distancias cada mil passus es decir, cada milla romana, lo que equivale a una distancia de 1.481 metros.

Gracias a las indicaciones de un buen amigo pudimos acercarnos a esta señal milenaria que queda junto a una cañada real, justo donde esta coincide con un tramo de la antigua vía romana entre Arunda e Iluro (Ronda- Álora).