"Delectando pariterque monendo" Horacio

11 mar. 2018

El día de El Chorrero


“ Y el agua se pone fría
para que nadie la toque.
Agua loca y descubierta
por el monte, monte, monte.”
Federico García Lorca


El parte meteorológico daba una tregua entre borrascas. Serían menos de 24 horas sin precipitaciones, con sol, y después de unos días en los que la Sierra de Grazalema había recogido más de 700 litros en una semana. Como dicen los serranos "los caños han reventado", o lo que es lo mismo, el acuífero de la sierra no es capaz de recibir más agua y esta corre hasta por el más mínimo regato. Ese día sin lluvia era, para nosotros, el que estábamos esperando desde hace tiempo. Era "el día de El Chorrero"; una cascada "efímera" que solo se puede disfrutar tras muchos días de lluvia cuando el Arroyo de la Higuereta baja cargado por La Barrida, el valle más meridional del Parque Natural.

 Empezamos la ruta en el Puerto de la Mesa o Puerto de las Viñas (de las dos formas lo he visto referenciado). Muy cerca de Villaluenga del Rosario.

 De telón de fondo tendremos, casi toda la ruta, al Peñón del Berrueco y la Sierra del Aljibe (PN Los Alcornocales).

La Sierra está "empapada" y corre el agua por todos lados.

 El sonido constante a cada paso será "chof-chof". Los senderos bajan encharcados.

Casa de las Cañadillas, cerca de un cruce de varias vías pecuarias, quizás de ahí vendrá su nombre.

 El camino está señalizado con hitos. Mis hijos Pablo y Jaime me acompañan en esta jornada (un lujo).

Hacia el norte se levanta la Sierra de las Viñas (delante y salpicada de encinas) y detrás el Navazo Alto (Sierra del Caíllo), pelado y gris calizo. Desde aquí parecen la misma sierra, pero entre las dos se encuentra la Manga de Villaluenga.

 Por la zona del Quejigal unos suaves cerros de calizas rojas serán el único suelo no encharcado que pisemos.

En estos cerros encontramos una pequeña población de narcisos amarillos: Narcissus assoanus subsp. assoanus.


 En uno de los rincones más bonitos de la Sierra las ruinas de la Escuela de la Barrida. Una escuela rural que en la primera mitad del siglo pasado llegó a tener más niños (hasta 80) que la escuela de Villaluenga. Para mejor saber de esta escuela enlazo el blog de mi amigo Selu: Cuaderno de Campo Payoyo.

 
Oveja merina grazalemeña de pura raza. Esbelta, con buena gorga y de cola muy larga. Me atrevo a pensar que estas caracteríticas fueron buena defensa ante el ataque de depredadores, sobre todo el lobo.

Algunas cagarrutas de estas ovejas se mueven transportadas por escarabajos peloteros, como este Scarabaeus laticollis.
 
 Cerca de la escuela encontramos estas piedras hincadas que nos parecen los restos de un dolmen. Recuerda a los cercanos del llano de Republicanos y de Patagalana. Hemos enviado una buena colección de fotos a expertos para que lo valoren.


No es de extrañar que se construyera una escuela en este apartado lugar. Restos de cabañas y rediles se esparcen por todo esta zona de la Barrida.
 

 Aunque estos recios muros con entrada baja más parecen una porquera para guardar cochinos.
 
Hacia el sur el peñón y tajos del Rincón de Nieto (Sierra de Líbar).

 Llegamos al arroyo de la Higuereta. Lleva agua limpia y fresca que dan ganas de beber. Buena señal para nosotros.

 El paraje cambia de forma brusca. El arroyo, que hasta ahora corría por un prado, empieza a saltar entre rocas hasta casi perderse por un amplio lapiaz.

 El lapiaz es un paraje geológico excepcional.


 De pronto el roquedal se corta en un gran escalón y es ahí donde se forma la cascada de El Chorrero. Aunque Pablo se asoma, con precaución, hay que bajar para disfrutar mejor de la caída de agua.
 Bajamos por una terraza lateral en la que hay un refugio bajo la roca.

 En la bajada casi pisamos esta flor de Fritillaria.

Por fin tenemos ante nosotros la cascada de El Chorrero. Hemos elegido el día perfecto para disfrutar de este espectáculo efímero que se da pocos días al año.

 Aquella foto de un bar de Villaluenga, cuyo enigma "resolvió" hace unos años el amigo Selu, no era recortada de un almanaque (como creíamos).

  Aquí unas cuantas fotos de El Chorrero, de las muchas que hicimos.








 Llega más gente al lugar, no somos los únicos que han acertado con el día. Volvemos rodeando el lapiaz por el sur para así conocer mejor esta maravilla natural.

Nos llama la atención esta curiosa oruga llena de verruguitas erizadas de espinas. Tras consultar con nuestro lepideroptólogo de cabacera (el amigo Rafa Obregón) nos dice que se trata de Cymbalophora pudica.

 Tenemos una foto de la mariposa Cymbalophora pudica que hicimos el año pasado en Estepona.

 Volvemos por el Quejigal de la Barrida y encontramos una choza que debió ser la última que se habitó por aquí. Todavía aguanta algo del techo vegetal y quedan colchones, sillas y cacharros de cocina.

 Descansamos un rato para comer y allí encontramos este trozo de hierro. Es de forja y de una forma curiosa.

Se trata de un trozo del resorte de un cepo moruno. En esta imagen, de un cepo que encontré entero en la campiña, he destacado esa parte, que era la más habitual de romperse al intentar abrir y armar el cepo. Se utilizaba normalmente para atrapar conejos.

Junto al Arroyo de la Higuereta un lirio de invierno (Juno planifolia).

Bellísimos ejemplares en flor de Romulea cf. bulbocodium de todos los tonos entre el malva y el violeta.



Así está ya la pelota de estiércol del escarabajo pelotero (¿será el mismo que vimos en la ida?).

De vuelta, por una zona de pinar de repoblación, vemos las únicas setas de toda la jornada.

Ya casi llegando al punto de inicio nos paramos a ver esta pequeña obra de arte rural que son los muros de piedra seca (sin utilizar ningún tipo de mortero o argamasa). Aquí se mezclan afloramientos de roca arenisca entre la caliza y se nota bien por donde cambia el color del muro. Esto quiere decir que la piedra es del mismo lugar donde se iba montando el muro. Esta técnica de construcción tradicional ya no se usa y estos muros deberían protegerse y mantenerse al menos en algunos tramos.

Antes de irnos de Villaluenga nos acercamos a ver los prados bajo la Sierra del Endrinal donde, en estos días, florecen miles de narcisos. Estos son de la especie Narcissus cerrolazae (id. de F. Ureña).


Antes de finalizar esta entrada (que ha costado años de espera) subimos aquí un clip de video de El Chorrero.

13 comentarios:

  1. Impresionanate Jose Manuel. Veo que ha merecido la pena la espera. Un saludo

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    1. Todo por evitar una mojada Manuel, como han hecho otros más atrevidos, jeje.

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  2. Precioso recorrido, la cascada y la escuela que me ha encantado. Es un recorrido que hace tiempo quiero hacer y que no sé si mis rodillas me dejarán finalmente hacerlo.
    Gracias

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    1. Seguro que sí Miguel Angel, es todo hacia abajo y la vuelta se puede hacer más cómoda por pista (solo que un poco más larga).

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  3. Precioso lugar, deseando estoy de visitarlo.

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    1. Con la borrasca Félix estará aquello a tope de agua otra vez.

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  4. buen trabajo amigo,continuas asi por muchos años y difrutaresmos de tus fotos, que tengas muchas salud para hacer muchos sederos

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  5. Todo un espectáculo el que nos brinda la naturaleza en estos días, gracias por compartir tan espectaculares fotografías. Saludos cordiales

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    1. Gracias Carlos. Ya vi en tu blog que cuando fuísteis no había agua, pero el paseo es muy bonito.

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  6. Veo que has disfrutado más que un escarabajo con su pelota, un sitio precioso y unas fotos estupendas, ese agua te augura una primavera llena de flores, a disfrutar.
    Manuel Lara
    Salut

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  7. Jaja, pues el segundo escarabajo estaba algo agobiado por el tamaño de la pelota y porque estaba atascado. Le dimos un empujón y... tan feliz como nosotros.

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  8. Impresionante. Enhorabuena por este y anteriores reportajes.
    Quiero ir la próxima semana el martes o el jueves dependiendo de la lluvia. Piensas que también podré disfrutar de la cascada?
    Un abrazo

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