"Delectando pariterque monendo" Horacio

9 ene. 2016

"Donde Borke perdió la ginebra"

Una expresión recurrente en el habla hispana para decir que un sitio se encuentra lejos o aislado es aquella de "donde cristo perdió los clavos", o también donde perdió la boina o las alpargatas, ...; y ya en versión mas moderna donde perdió el mechero, la bufanda, etc.,etc.,...  Pues viene al caso porque han sido varias las veces que hemos recorrido unos suaves cerros rodeados de campiña, con parajes interesantes en sus laderas y con unos sugerentes roquedos de esos a los que nos gusta subir para ver como se ve el mundo desde allí arriba; aunque no sean muy altos. Y es que debemos tener el "síndrome de Mallory", aquel mítico alpinista inglés que cuando le preguntaban por qué subía a la montaña contestaba con rotundidad y naturalidad: "Porque está ahí". Y por supuesto que hemos subido a estos  cerros porque ahí están. Y resulta que..., sin esperarlo, allí nos enteramos que ya subió un británico antes que nosotros, pero vete a saber cuando, aunque tenemos algunas pistas de cuando pudo ser. Sabemos que se apellidaba Borke, su nombre completo era C. Borke (en algún sitio hemos leído que los nombres mas comunes con "c" son Christopher y Charles), y puede que subiendo allí arriba perdiera su codiciada ración de ginebra. Pero antes de entrar en mas detalles vamos a conocer mejor los Cerros de la Utrera y el Mirador. Unos cerros de cumbres alomadas pero adornados por escarpes y lajas de arenisca que, en viejos mapas, venían a ser el extremo oriental de la "Sierra de Xerez", una serie de montes que desde el Guadalete jerezano se elevaban sucesivamente en torno a la laguna de Medina, seguían hasta Paterna, Gigonza, Peña Arpada y acababan en el río del Álamo, cerca ya de Alcalá de los Gazules.

 En este mapa, que compuso el geógrafo Tomás López de Vargas Machuca en 1787, aparece la citada Sierra de Xerez. El mapa es poco riguroso, pero hay que tener en cuenta que el autor posiblemente nunca estuvo por estas tierras ya que era cartógrafo de gabinete, es decir, se basaba en mapas anteriores y los complementaba con nuevos datos que recogía de autoridades civiles y eclesiásticas de la zona.

Desde Peña Arpada (en la foto) ya habíamos visto el Cerro de la Utrera y por eso lo teníamos en la carpeta de pendientes, hasta que en 2015 nos decidimos por conocerlo. 

 Para acercarnos a estos cerros probamos suerte por algunos caminos públicos. Cuando fuimos por la Vereda de la Cañá de la Peña encontramos este hermoso lentisco, de gran porte y con aspecto de una gran seta. Podría catalogarse como árbol singular.

 No estamos solos por estos montes, normalmente dedicados a la ganadería y a coto de caza menor. De fondo la Peña Arpada siempre nos sirve de referencia.


 Pasamos por este descuidado cortijo buscando el punto de agua mas importante del Cerro de la Utrera.       

El palmito es el arbusto mas abundante en estas laderas.
 
La vereda se acerca a una zona donde la arenisca presenta una fuerte erosión.
 
 Los granos de cuarzo y sílice son de un grosor considerable.
 
 En una vaguada vemos algunos ejemplares de olmos. Tendremos que volver en primavera para ver de que especie se trata.

 Estos olmos resisten como pueden el ataque de la galeruca y la grafiosis. 
 
Pimelia maura, un escarabajo endémico del sur peninsular y norte de Marruecos.

Y en una bonita vaguada nos topamos con el Pozo de la Utrera.

El Pozo de la Utrera está excavado, a pico y martillo, en una ladera de roca arenisca. Por este lugar debía filtrarse el agua y sus constructores debieron pensar que si rompían la piedra y ahondaban aprovecharían mejor ese agua que se perdía en el suelo arenoso.

El brocal es un gran muro circular de mampostería que protege el pozo de la caída de piedras que puedan cegarlo y también para que los animales no caigan dentro.

Cuatro pilas labradas sirven para abrevar al ganado: Curiosamente estas son de roca caliza por lo que debieron ser transportadas hasta este paraje. Puede que la cantera de Peña Arpada (es la caliza mas cercana) sea su origen.

 

Cuando nos acercamos es cuando podemos apreciar la magnitud de esta construcción hidráulica.



Sobre el espejo del agua vemos muchas ranas y dentro ¡¡hasta una carpa exótica!! Es muy común que los lugareños echen algún pez en los pozos para mantenerlos limpios de "bichejos" acuáticos. 
 
Pablo se asoma al Pozo de la Utrera por su lado mas alto. 
 

 Subimos por encima del pozo para disfrutar las vistas desde el cerro. Hacia el noreste vemos la silueta de la Sierra del Aljibe. Mas cerca la verde loma del cerro de Las Correderas, lugar que ya recorrimos en oct. de 2014 (ver enlace clicando aquí).
 
Y nos asomamos a poniente para obtener una buena vista hacia Medina Sidonia.

Volvemos a "nuestros cerros" una fresca (que no fría) mañana de diciembre. Desde Paterna esta es la silueta que presentan los cerros de la Utrera y el Mirador. El punto mas alto según el mapa es de 214 m.

Los blancos narcisos (Narcissus papyraceus) destacan con el primer sol mañanero cuando echamos a andar.

Como el paseo se prevee corto nos acercamos antes a dar una vuelta por este pequeño Cerro de la Higuera donde también hay reseñado, en el mapa, un pozo de grandes dimensiones.

Cruzamos el Arroyo del Brecial que está bien seco (apenas ha llovido en todo el otoño) y unas piedras en el lecho destacan entre el resto.

Son piedras pesadas y de aspecto metálico. Incluso pensamos que puedan ser parte de un meteorito ¿?
 
 El cerro tiene grandes losas de piedra a la vista.
 
Y bajo unas peñas de roca y casi oculto por la vegetación (nos cuesta hacer la foto) encontramos el Pozo de la Higuera, que parece fue construido por los mismos que hicieron el Pozo de la Utrera. Por cierto, no está en el mismo sitio que aparece ubicado en el mapa.


Y paseando por el cerro nos llama la atención esta formación rocosa que culmina una inclinada laja.

Su peculiar forma nos recuerda a una choza circular pero en este caso de dura arenisca. Una covacha, a modo de puerta, tiene rastros de haber servido de refugio a algún pastor o cazador. 

Cambiamos de cerro y mientras, por el extenso prado, encontramos alguna flora interesante como este espárrago con una malformación o agalla, producida por la picadura de un insecto.

O esta mandrágora (Mandragora autumnalis), de las flores mas llamativas de las que florecen en invierno en la campiña. 
 
Nos dirigimos al Cerro del Mirador.
 
Cruzamos un amplio palmital conocido como Palmar de Juan Gallo. Nuestro próximo objetivo es llegar a esas peñas de arriba.

Esas peñas se conocen como el Mirador.

Desde media ladera podemos ver mejor las manchas de verde oscuro que forman el Palmar de Juan Gallo. Al fondo reconocemos la silueta del castillo de Torrestrella.

Ciertamente este lugar es un Mirador natural con buenas vistas. Abajo destaca la vereda de la Buitrera (hoy camino rural) detrás el Cerro de la Higuera (que hemos recorrido antes) y por detrás del campo eólico el cerro donde se asienta Medina Sidonia.
 
El punto triste del día fue encontrarnos, aquí arriba, algunos huesos y la cabeza de un gran ave. La anilla con esos dígitos (tras comunicarlo a nuestros amigos ornitólogos) nos dice que se trata de un buitre leonado que se recuperó en el CREA del Puerto de Sta. María y fue liberado en 2010. Creemos que este ave ha muerto tiroteado por algún mal cazador o envenenado por algún mal cotero. Malas prácticas que se siguen dando en nuestros campos, a pesar de estar muy perseguidas y penadas por la ley.

Llegamos a las peñas de arenisca y tras una breve trepada disfrutamos de unas vistas espléndidas. La roca es un balcón natural con un amplio rellano y paredes que sirven de resguardo. Lo de Cerro del Mirador no es un nombre puesto por casualidad.

Unos cuantos escalones tallados en la piedra nos llevan a una covacha que se nos antoja es el complemento perfecto de este balcón-mirador.

La covacha es un refugio perfecto, incluso tiene un ventanuco al fondo por donde asomarse sin salir. Hay restos de habitación (alguna pared ennegrecida por el fuego) y muchas marcas en las paredes, sobretodo de letras sueltas. 
 
Entre todas destaca un nombre, C.BORKE, marcado a mitad de pared. No es una marca que se haya hecho en un rato. Es profunda, destaca entre las demás (la foto no está tratada), cabe la yema de un dedo dentro. Nos sentamos en la covacha y empezamos a elucubrar. ¿Que hace un apellido extranjero marcado aquí arriba? ¿cuanto tiempo tuvo que estar aquí para dejar esa marca tan profunda? Parece una letra cuidada y bien dimensionada, como de alguien que sabe escribir bien. Será cuestión de mirarlo en casa, a ver que nos dice Google y algún amigo que pueda darnos una buena pista. 

Pero no todo acaba ahí. Mi compañero de paseo, Pepe Merino, sale antes de la cueva y en un rellano arenoso encuentra este curioso botón metálico. Tiene pinta de tener unos años, por la pátina de óxido. Y por detrás puede verse una G a la derecha, y algo dañada otra letra o número a la izquierda, puede que una A o un 4. ¿Sería este botón de C. Borke? ¿Sería al menos de la misma época?
  
Mandamos estas fotos a nuestro amigo  Rafael D. Cedeño, experto en botonería histórica que nos dice "se trata de un común botón civil, con diseño central de seis círculos o semiesferas y punto central, aparentando el conjunto de una flor, rodeado todo por orla segmentada, debía traer entre veintitrés y veinticinco semiesferas en la parte exterior. Su datación es en torno al siglo XVIII y XIX. En su reverso solía traer las siglas del fabricante, que en este caso es difícil de saber. Yo personalmente lo fecharía en torno a 1800-1850".

Paralelamente a la historia del botón hemos estado revisando el apellido Borke en la web de genealogía FamilySearch (posiblemente la mas completa del mundo) y en su base de datos consta un número de casi 460.000 nacidos con este apellido en Reino Unido e Irlanda en los últimos 2 o 3 siglos (muchos emigraron a EE.UU. y actualmente es donde hay mas personas con ese apellido).

 Pero la historia (si se puede llamar así) sigue a la vez de nuestro paseo por el Cerro del Mirador. Bajamos del balcón natural y siguiendo nuestra ruta encontramos un trozo de cerámica con parte de una inscripción y de un dibujo. Lo llevamos a casa y tras consultar con nuestro amigo Agustín G. Lázaro este nos pasa un revelador artículo titulado "Canecos y ginebra: tráfico comercial en la provincia de Cádiz", de los historiadores de la UCA: J.A. Ruiz Gil y L. Márquez Carmona. En este interesante trabajo se presenta este tipo de envase fabricado en Holanda para contener ginebra y que principalmente en el siglo XIX fue objeto de contrabando desde Gibraltar a diferentes ciudades del sur andaluz. En nuestra provincia eran las poblaciones de la Bahía de Cádiz y Jerez los principales destinos de este contrabando. Los autores han estudiado canecos de ginebra encontrados en puntos de desembarco de la costa del entorno de Gibraltar. La ginebra se trasladaba desde la colonia a playas sin control costero (seguramente con la connivencia de ciertas autoridades españolas) para luego tomar rutas no convencionales con destino a Jerez y Cádiz. Proponen que la ruta terrestre del contrabando discurría por los montes de Los Barrios, río Palmones arriba, hasta las cercanías de Alcalá de los Gazules (cerca, en el cerro del Lobo se encontró en 2002 un caneco de ginebra holandesa Houtman), y desde Alcalá seguían entre Paterna y Medina para así acceder tanto a la Bahía gaditana como a Jerez.  
 
Caneco de ginebra Meertens (foto de una subasta online).
Una de las varias marcas de ginebra holandesa que llegaban a Gibraltar (junto con Nolet, Houtman, Gebroeder, HB y Beukers) era MEERTENS de la destilería Van Meertens & Zoons. Esta empresa estaba radicada en la ciudad de Delft, cerca de Róterdam, y estuvo destilando ginebra desde 1888 hasta 1901 cuando quebró tras incendiarse la fábrica. Van Meertens embotellaba en canecos de "cerámica de gres" o "stoneware" (en inglés) grabando en fresco su marca y el escudo de la ciudad a donde se dirigía el pedido.  


Pues bien, si nos fijamos bien en nuestro trozo de cerámica es fácil reconstruir la marca de la ginebra MEERTENS, y debajo el escudo de Gibraltar incluyendo su lema (ver imagen inferior).

 

Encontrar este trozo de caneco holandés del siglo XIX en este cerro estratégico (el Mirador) entre Alcalá, Paterna y Medina creemos que sirve para afianzar la propuesta publicada por los expertos (Ruiz y Márquez, 2010).


Finalmente, si enlazamos la ginebra holandesa de contrabando gibraltareño con el británico Chris Borke o Charles Borke, contrabandista que hacía guardia en esta garita natural que es el Mirador y ese botón decimonónico perdido allí arriba... Tenemos para montar una novela de aventuras con mucha pinta de haber ocurrido en la realidad. En la foto una panorámica desde el Mirador, con la atalaya de piedra a la derecha y las amplias vistas a ese cruce de antiguos caminos: vereda de la Buitrera, colada del Brecial, colada de la Lantejuela y padrón de las Salinillas. Y ahora, seguimos con nuestro paseo por estos cerros "donde Borke perdió la ginebra" (buen título para la novela) y o donde perdió un botón de la casaca.

 Cerro arriba encontramos un manantial seco al que volveremos otro día para catalogar y fotografiar con agua.


Entre la poca flora que vemos en esta época podemos ver los erodium (alfilerillos). Y sobre todos este Erodium aethiopicum de flor albina.
 
Otra flor invernal es la Caléndula arvensis, que aquí podemos fotografiar junto a sus frutos con aspecto de gusanos espinosos.

Vista desde las cotas mas altas de El Mirador a la perfecta formación rocosa que es Peña Arpada.

De las primeras flores de gamón que hemos visto esta temporada.
 
Restos de una cabaña o choza al resguardo de unas paredes naturales de arenisca. Bien pudo ser refugio de contrabandistas.

En la pared natural una covacha cerrada con un murete de piedras bien pudo servir para guardar el perro o algún otro animal doméstico.
 
Tras recorrer el cordal que une el Mirador y la Utrera nos decidimos por bajar por este vallejo mas cerrado de vegetación y con mas formaciones rocosas.

Ya ha pasado la hora de comer y solo hemos subido unos frutos secos y agua, así que bajamos mas rápido de lo que nos gusta entre grandes peñas de arenisca.

En algunos rincones la humedad es tal (y sin haber llovido) que se dan buenos plantones de helechos.

Pero también, en una roca soleada donde paramos a beber agua, nos encontramos con este peligroso bicho (¡¡una garrapata casi a final de año!!).

Llamativas formaciones rocosas nos animan a que volvamos de nuevo y con mas tiempo por estos cerros.



Seguro que para la próxima primavera volveremos a estos cerros. Entonces puede que disfrutemos de un buen paseo botánico teniendo en cuenta que las lluvias han llegado cuando escribimos este relato, ya a primeros de enero. 

Por cierto, entre los montañeros el "síndrome de Mallory" no existe. Aunque no descartamos que algunos lo sufran.

Agradecimientos: a José Luis Merino y Pablo Amarillo por acompañarnos en estos paseos, a Lolo Figueroa por ayudarnos a montar imágenes y a Agustín G. Lázaro, Rafael D. Cedeño y Vincent Jenkins por ayudarnos con sus datos y apuntes.






19 comentarios:

  1. ¡Que bonito ha quedado... Toda una historia! Lo pequeño es hermoso, aunque a algunos solo le guste lo grande...

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    1. Bueno Agustín, tu pista ha sido muy certera. La verdad es que cuando menos lo esperas te salta una bonita historia "entorno" a unas solitarias piedras.

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  2. He oído de piedras de molino en la cima del Cerro Arpada. Pienso que es muy improbable y no he subido a ver. ¿Viste algo?

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    1. En Peña Arpada, donde hemos estado varias veces, existe una cantera de piedras de moler. Todavía hay alguna por allí inacabada.

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  3. Me encanta :) De verdad parece de una novela. Da gusto cuando se pueden ir hilando los elementos de un escenario, sobre todo cuando todo parece tener buen sentido. Estoy segura de que esta es uan de esas ocasiones en las que te hubiera encantado que las piedras hablaran ¿verdad? MUY buena historia, amigo, ¡Enhorabuena!

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    1. Gracias Esperanza. Cierto que fue muy interesante ir encontrando esas pistas. Luego ya sabes, "white a little help from my friends", entre los que te encuentras.

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  4. Como disfruto con tus entradas!!!Que completas son :NATURALEZA SITIOS GENTE... HISTORIA...Me encanta!!!

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    1. Gracias Lola, ese es el objetivo, y viniendo de ti, pues mejor.

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  5. Miguel Angel Lopez9 de enero de 2016, 22:32

    Gracias Jose Manuel por divulgar estas cosas y por tus extraordinarios documentos de los sitios que visitas.
    Saludos desde Carmona.
    Miguel Angel Lopez.

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    1. Gracias a ti Miguel Angel. A ver si nos vemos por la Campiña de Carmona un día de estos.

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  6. Gran documento como siempre. Enhorabuena!

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    1. Gracias Alberto! Nunca un pequeño cerro dio para tanto! jeje

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  7. Hola. Preciosa historia e interesantes descubrimietos.
    Enhorabuena.
    Podría Ayudarme a saber si hay asociación del apellido Borke y el mio Bohórquez?

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    1. Pues parece que no. Hemos visto que Bohorquez es apellido castellano que se trasladó del norte al sur. Aunque en el caso de Jerez algunos Bohorquez emparentaron con familias inglesas del negocio vinatero. Gracias por tu comentario.

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  8. Buena historia detectivesca, me ha sabido a poco, espero que sigas indagando.

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    1. Volveremos por allí Manolo. Hay una piedra allí arriba que tendré que enseñarte.

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  9. MUCHAS GRACIAS POR ACORDARTE DE NOSOTROS, QUE SOLO HACEMOS LO QUE SABEMOS HACER. POR OTRA PARTE TOMO NOTA COMO DESCUBRIMIENTO TUYO. Y, APARTE EL CANECO, ME HA ENCANTADO EL BLOG, ES CURIOSO, ES DIVERTIDO, Y ESTÁ HECHO CON MUCHA ILUSIÓN Y CARÑO. ¡A SEGUIR ASÍ POR MUCHO TIEMPO!

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    1. Bueno, viniendo de un historiador y que además con tu trabajo nos diste la pista del caneco holandés, pues... Muchas gracias y encantado de colaborar con esta parte tan singular de nuestra historia reciente.

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