"Delectando pariterque monendo" Horacio

14 mar. 2012

GUADALQUITON * La costa primigenia


 "Muchos atunes que del Mar Exterior llegan a estas
costas son gordos y grasosos. Nútrense de las
bellotas de cierta encina que crece junto al mar,
muy rastrera y que produce frutos en verdad
abundantes. Esta encina se da tambien
profusamente en el interior de Iberia...; produce,
sin embargo, tanto fruto que después de la marea
alta la costa queda cubieta de las que arroja la
pleamar... Son estos peces una especie de cerdos de
mar, porque apetecen las bellotas y engordan
extraordinariamente con ellas."

                       Geografía de Estrabón (siglo I)
 

Guadalquitón es el tramo de costa mejor conservado y menos alterado de la provincia
de Cádiz. Podría decirse que es la costa mas
autóctona de la región. El paraje, entre Punta
Mala y Sotogrande, se ha mantenido durante
siglos como debió ser toda la costa del Campo
de Gibraltar. Antes de que los pinos piñoneros
se sembraran sustituyendo a especies autóctonas por toda nuestra geografía. Aquí el bosque alcornocal llega hasta las dunas de la playa, su riqueza natural y paisajística es enorme y, sin embargo, una parte de Guadalquitón está amenazada como área urbanizable. Hemos querido visitarlo antes que una grúa se monte en este valioso rincón de costa primigenia.
El alcornocal de Guadalquitón está limitado hacia el interior por la autovía Cádiz-Málaga. No parece que sea un bosque explotado para la saca de corcho.





 El alcornocal de Guadalquitón está limitado hacia el interior por la carretera-autovía Cádiz-Málaga. No parece un bosque explotado para la saca de corcho.

 
 En zonas despejadas del bosque (herrizas) encontramos la Drosophyllum lusitanicum una de las joyas botánicas del alcornocal.

 
Drosophyllum lusitanicum o atrapamoscas es una planta insectívora catalogada como especie protegida, e incluida en la Lista Roja de la Flora Andaluza.



En esta época del año aparecen numerosos chupones de helechos, que para el verano habrán tapizado el suelo del bosque.


También encontramos esta flor endémica de nuestra región. La Romulea ramiflora subsp. gaditana, que está presente en la costa gaditano-algarviense.


Varios caminos y senderos cruzan el alcornocal. Salirse de ellos significa adentrarse en una auténtica selva mediterránea. Hace años que un incendio afectó a este bosque, puede que por la falta de mantenimiento y limpieza del monte que conlleva la extracción del corcho. Hoy parece recuperado.


Llama la atención el fuerte color amarillo de esta cistácea (familia de las jaras). Se trata de Tuberaria lignosa que pronto abrirá los numerosos capullos de cada pequeña planta.


Esta rara flor de Carex flacca la encontramos en las zonas mas húmedas del bosque. Puede crecer desde cerca del mar hasta en alta montaña.


Los troncos de los alcornoques (Quercus suber) no presentan señales de descorcha, algo no habitual siendo un bosque tan accesible.


A pesar de las pocas lluvias de este invierno el lugar está bastante verde debido a la influencia de las nieblas y brumas del cercano mar.


En otra herriza encontramos este llamativo plantón de Drosophyllum lusitanicum. Se puede apreciar como varias plantas nuevas crecen sobre los restos de numerosas plantas mas viejas y secas. Como queriéndose elevar para atrapar insectos de vuelos mas altos.


Mientras retratamos la drosófila se nos acerca este llamativo escarabajo Meloe tuccius.


El bosque va desapareciendo y el olor del mar se nota cada vez mas. El viento de levante, aunque flojo, ayuda a ello.


Los alcornoques mas cercanos a la playa delatan, con sus copas tumbadas, cual es el viento dominante en la zona.


Caminamos hacia el mar sobre dunas de arena fijadas por alcornoques y arbustos mediterráneos.


Aparecen flores típicas de suelos costeros como esta preciosa Silene littorea subsp. littorea, habitual en todo el litoral peninsular, Baleares y Marruecos.


También típico de arenales es este Senecio gallicus, uno de los senecios que no teníamos en nuestra colección fotográfica.


Nos acercamos a la playa y a la desembocadura del Arroyo Guadalquitón, que junto al Arrroyo Borondo nace en la cercana Sierra del Arca (San Roque).


El Arroyo Guadalquitón, que da nombre a este paraje inigualable de la costa mediterránea. Desde aquí hasta Cabo de Gata no hay otro tramo igual, libre de edificios o asfalto.


La asociación Quercus-Mares (http://quercusmares.blogspot.com), que lucha por la protección de este ecosistema único ha propuesto, entre otras figuras de protección, designar Guadalquitón como otras figuras de protección, designar Guadalquitón como Bosque Modelo, dentro de la Red Int. de Bosques Modelo (R.I.B.M.).


Esta pequeña planta que parece reptar sobre los arenales donde crece es la Paronychia argentea. De la misma familia que las silenes fue una planta medicinal muy apreciada para curar los panadizos de los dedos (si ponéis "paronychia" en google imagenes veréis que sale). Lo de argentea es por el color plateado de sus flores.


En una de las dunas junto a la desembocadura del Guadalquitón encontramos los primeros muros de una factoría de salazón de época romana. Y es que para completar el magnífico lugar también vemos que guarda restos arqueológicos.


Cyperus capitatus es un pequeño junco exclusivo de zonas dunares bien conservadas.


Aprovechamos la altura de las dunas para disfrutar de la inmensa soledad de la playa de Guadalquitón.


Los meandros finales del arroyo se pierden en la amplísima playa. De fondo aparece, majestuoso, el Peñón de Gibraltar.


Preciosa esta flor de Cakile maritima, vulgarmente conocida como oruga de mar, que aguanta bien el ambiente salino de los arenales costeros. Sus semillas son arrastradas por el viento al mar, donde flotan y se dispersan a través de la costa, hasta que las olas los sacan y colonizan nuevas playas.


Pasamos al otro lado del Guadalquitón por el único paso que nos permite la marea baja. Además, como el arroyo baja con escaso caudal el agua se filtra bajo el arenal.


Esta Silene nicaeensis o niceensis (no se ponen de acuerdo los botánicos) de flor blanca es específica de arenales mediterráneos (de la Península hasta Grecia). Aquí aguanta, como puede, el azote de los fuertes vientos del Estrecho.


En las dunas mas cercanas al mar abunda la Reichardia gaditana, endémica de la península y de la que nunca habíamos visto tantos ejemplares.


Ascendemos por dunas recubiertas de vegetación donde se adivinan restos de muros.


Después de 20 siglos siguen apareciendo restos de edificaciones de un asentamiento romano fechado a mitad del siglo I.


Una patera encallada junto a las ruinas.


En la parte mas alta encontramos varias piletas que demuestran que en este lugar los romanos montaron una factoría de salazón similar a la de Baelo Claudia.


Lobularia maritima es otra planta que en Andalucía, y a pesar de su nombre, puede encontrarse desde el borde del mar hasta Sierra Nevada.


Las rojas flores de Tetragonolobus purpureus ponen el punto de color llamativo en el verde herbazal que recubre las dunas.


Decidimos tomar un breve piscolabis sentados junto a los muros que se utilizaron para fabricar el afamado "garum" de la Hispania romana.


Al otro lado del asentamiento queda un antiguo cauce del Guadalquitón. Detrás grandes dunas fijadas por matorral mediterráneo.


Cruzamos el paraje dejando atrás las leves elevaciones con las ruinas romanas.


Nos llaman la atención las vigorosas plantas de Anchusa calcarea, de tallos rojizos y numerosas flores azules. Es endémica de las costas gaditanas y onuvenses e incluida en la Lista Roja de la Flora Andaluza.


Por fin vemos la primera orquídea del año. La preciosa Ophrys tenthredinifera.


Es la primera vez que conseguimos, en nuestra provincia, una foto de orquídea con el mar de fondo. Esto da una idea de la belleza del lugar que estamos recorriendo.


Subimos a las dunas mas altas para disfrutar mejor del paisaje. Podemos ver todo el ecosistema que hemos recorrido. El alcornocal, las dunas y la playa. Al fondo puede verse los edificios de Torreguadiaro y la silueta de la malagueña Sierra Bermeja (que tiene un pequeño pinsapar en su cumbre).


Hacia la cercana costa linense el matorral se cierra. Entre lentiscos y arbustos espinosos podemos ver algunas coscojas (Quercus coccifera). Imaginamos que son las "encinas rastreras" que Estrabón citaba como fuente de bellotas al cercano mar.


Bajamos a la costa y podemos ver, sobre las crestas de algunas dunas, sabinas marítimas (Juniperus phoenicea subsp. turbinata).


En las paredes de las dunas florecen Lotus arenarius en su hábitat ideal.


Este es el único peñasco de roca arenisca que encontramos en la costa de Guadalquitón. Un pedrusco erosionado rodeado de arena y mar.
 
Es el momento de regresar hacia Sotogrande, a 2 kms. de arena en línea recta. Estamos en un trozo de naturaleza vírgen y a pocos metros se puede encontrar el lujo mas sofisticado.
 ¡¡ Vaya contraste !!


Dejamos atrás el Peñón recortado por un viejo búnker militar.


Aunque el sol pega de lleno el viento de levante es fresco en esta zona de la provincia. Por el contrario en la costa atlántica el levante es un viento caluroso y seco.


En este agradable día de invierno solo nuestras huellas señalan las limpias arenas de Guadalquitón.


De vez en cuando abandonamos la playa para asomarnos a las lagunas litorales de agua dulce.


En esta franja entre el mar y el bosque se extrajo, no hace muchos años, arena para obras. Los huecos llegaron hasta la capa freática y el lugar se convirtió en una sucesión de lagunas litorales donde antes solo había dunas.


Este lugar es el único donde se nota visualmente la intervención del hombre en Guadalquitón. Aparte de los búnkeres, que hay varios.


Terminando la ruta nos acercamos a las ruinas de un viejo cuartel de Carabineros.


Un pozo da fe de que el agua es dulce aún estando tan cerca el mar.


Creemos que Guadalquitón debe ser protegido, desde el bosque hasta la playa, con un ampliación del P. N. de Los Alcornocales que llegue hasta la costa sanroqueña.


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