"Delectando pariterque monendo" Horacio

23 jun. 2010

SIERRA DEL ENDRINAL Ruta circular por el corazón de la Serranía de Grazalema

Nuestra ruta parte del mismo Benaocaz, uno de los pueblos blancos de la Sierra. Enlazaremos varios parajes singulares de este macizo calizo que guarda roquedos de formas curiosas, ruinas de origen incierto, árboles monumentales, casas que fueron refugio de pastores y montañeros, ...y todo rodeado por una exultante riqueza natural en una jornada de primavera posterior a varios días de lluvia beneficiosa.

 
La subida al peñasco coronado por la Ermita del Calvario (del año 1.754) será nuestro primer tramo. Lugar de peregrinación y de hermosas vistas tras una empinada pero cuidada cuesta.

 
 
Bajamos por el lado opuesto a la calzada y empezamos a adentrarnos en la Sierra del Endrinal. Enfilamos hacia los primeros contrafuertes del Navazo Alto hasta encontrarnos con una espectacular roca.

 
El "Diente del Diablo" o el "Colmillo del Cao" es una enorme roca con forma de diente que destaca por su peculiar forma. Una enorme hiedra recubre parte de la caliza.

El nombre de Sierra del Endrinal procede de la abundancia de estos arbustos espinosos. En esta época, casi comienzos de verano, podemos encontrar bayas de endrino (Prunus spinosa) en distintos estados de maduración: desde el verde al casi azul de su óptima madurez (sólo la foto inferior derecha fué tomada en septiembre del año pasado).

 
Dianthus boissieri es un vistoso clavel silvestre de olor intenso y muy agradable. Suele verse en taludes y ribazos calizos en el extremo sur de la Península Ibérica.

Ganamos altura mientras la humedad de la vegetación nos empapa las botas y pantalones. Al fondo, en el centro, el Pico de la Silla (920m.) cercano a Ubrique.

La lluvia del día anterior mantiene a las mariposas poco activas en espera de un rayo de sol que las seque. Esto permite que este ninfálido se aferre a nuestro bastón de trekking sin atreverse a volar.

La Thymelicus lineola (fam. Hespereiidae) habita en lugares muy diversos, pero principalmente en zonas herbosas de territorios serranos como este.

Y el bicho curioso del día fué este grillo de visera (Sciobia caliendrum) que no paraba quieto y apenas pudimos fotografiar bien. Para los entomólogos se trata de una joya zoológica ya que es un insecto raro, poco común y del que hay pocas referencias.

Ocnerodes sp. Este panfágido de aspecto prehistórico suele ser muy tranquilo y por tanto se deja fotografiar muy bien. Destacan sus alas (hélitros) atrofiadas que le imposibilitan dar grandes saltos como otros saltamones mas comunes.

Valle de Fardela, que da nombre a un cortijo que encontraremos mas arriba.

 
Este Notobasis syriaca es un cardo único en su género y en este caso lo encontramos con flores blancas cuando normalmente son moradas.

Flor de Lactuca tenerrima, planta mediterránea occidental que puede encontrarse en las zonas mas altas de la sierra, incluso en roquedos y pedreras.

Casa de Fardela, que estuvo habitada hasta hace pocos años. Entre nubes la cima del Caíllo (o Cao o Navazo Alto, según que mapa) de 1395 m.

 
Por encima de Fardela se encuentra la "Fuente de las Nueve Pilas Picás" (con nombre tan largo como la propia fuente). Aunque es un buen sitio para parar y descansar no lo hicimos así cuando observamos estas llamativas sanguijuelas.

Dejamos abajo el Valle de Fardela cuando subimos la cuesta de Mitano. A nuestros pies todo el tramo que llevamos recorrido hasta ahora.

 
La Melitaea deione o doncella ibérica gusta de prados como los que cruzamos.

 
En alguna parada encontramos este saltamontes de la familia Ensífera, que se caracteriza por tener las antenas mas largas que el cuerpo.

Otro de nuestros objetivos en esta ruta era parar y recorrer tranquilamente "Los Santos Lugares". Estamos a casi 1.200 metros de altitud y las nubes cercanas así como la enorme humedad dan un toque mas que mágico a este lugar. Pasamos entre restos de muros de antiguas chozas o cabañas que según los lugareños fueron "refugios de moros" o lugar de "retiro para leprosos". No hay mucha información sobre este paraje pero en Benaocaz una calle lleva su nombre.

 
La humedad es tal que el musgo se mantiene verde y fresco y sobre un tronco caído podemos ver esta Oreja de Judas (Auricularia auricula-judae) un hongo muy común tras las lluvias otoñales, pero que ocasionalmente también se puede encontrar en primavera, como es nuestro caso.

Seguimos nuestra ruta para acceder al contiguo Valle del Dornajo. Un grupo de pinos que rodea una majada nos avisa de que estamos cerca de la casa que será nuestra próxima parada. Conocemos bien este lugar ya que aquí se han celebrado durante años las acampadas anuales del Club Montañero Sierra del Pinar.

Bajamos un poco y llegamos a las ruinas de la Casa del Dornajo.

 
En estas dos fotos podemos ver el paso de 30 años por la Casa del Dornajo. Esta casa, situada casi en el centro geográfico de la Sierra del Endrinal y a mitad de camino entre Benaocaz y Grazalema, fué durante años refugio de pastores y montañeros. Las llaves se guardaban en un hueco del horno de piedra y todos los que pateábamos (por trabajo o por afición) la Sierra respetábamos esta humilde construcción donde nos salvamos mas de una vez de alguna mojada e incluso secábamos en la chimenea las botas empapadas por la nieve.

Cerca de la casa nos retratamos bajo este imponente Quejigo (Quercus fagínea). Su base tiene un perímetro de 18 metros y está catalogado como Arbol Singular de Andalucía.

Frente al Dornajo podemos ver los Navazuelos Fríos que desde lejos nos parece un tobogán de encinas. Detrás parte de las crestas de la Sierra del Pinar.

 
Dejamos el Dornajo y nos acercamos al Valle de las Encinas Gemelas. Con este novedoso nombre, propuesto en un blog de senderismo, se ha denominado a un rincón del Endrinal donde las encinas se dan por parejas (no sabemos por qué motivo) dando lugar a un curioso bosquete de estos quercus.
Nota curiosa: en este punto nos salió asustada una hembra de ciervo (Cervus elaphus). No sabíamos que este gran mamífero campease por estas alturas. Quizás fuese un animal desorientado que ha subido desde los alcornocales de Villaluenga (tenemos fotos pero muy lejanas).

Estamos en el punto más alto de nuestra ruta y comenzamos el descenso a Benaocaz por la vía más directa (que no menos tortuosa). Bajo nosotros el valle que forma el Arroyo de las Piletas, que será nuestra salida del Endrinal. Desde este punto vemos la perfecta silueta de la Sierra del Aljibe (1.091 m.). Hace un mes estabamos en la cima del Picacho (el que sobresale a la derecha) y veíamos Benaocaz y el Endrinal desde aquel lado.

Bajamos, a veces por senderos marcados y a veces por caminos de cabras, al encuentro del Arroyo del Pajarito (Pajaruco en mapas). En la foto un empinado lapiaz típico de estas sierras calizas.

 
El Arroyo de las Piletas puede deber su nombre a las "marmitas de gigante" o "pilones" que el agua ha ido erosionando en la roca.

 
La vegetación, mas exuberante junto al Arroyo, nos permite ver mas insectos y de diversos colores.

Curiosa foto de una flor de rosal bravío (Rosa pouzinii) con agallas de picaduras de una avispa. Las agallas son tumores vegetales inducidos por las larvas de determinados insectos que parasitan las plantas.

Finalmente llegamos a un lugar conocido. El puente de piedra del Arroyo del Pajarito, lugar de acceso al Salto del Cabrero y ya muy cerca de Benaocaz.

Ya entre las calles del pueblo vemos, al fondo, la Ermita del Calvario. Fué nuestro punto de partida y alli cerca está nuestro coche.

Un "cuatro-latas" hace juego con los dinteles rojos de la iglesia de San Pedro de Benaocaz.

Aunque hemos llevado el paraguas durante toda la jornada el tiempo nos ha respetado. Mientras guardamos botas y mochilas una negra nube amenaza tromenta. Al día siguiente volvería a llover en la Sierra.

6 jun. 2010

LA SIERRA DE SAN CRISTOBAL Biodiversidad al lado de casa

Ayer 5 de junio de 2010 se celebró, un año mas, el Día Mundial del Medio Ambiente. Fecha importante para el que escribe sobre todo por celebrarse también el cumpleaños de mi hijo (¡¡Felicidades Jaime!!). Volviendo al tema, este año además es el Año Internacional de la Biodiversidad, por lo que la celebración es doble. Y para aportar nuestro granito de arena a estos fastos vamos a mostrar un trocito de la provincia que, a pesar de estar ubicado entre dos grandes núcleos urbanizados (la Bahía de Cádiz y Jerez), mantiene una riqueza natural y paisajística poco apreciada por los paisanos que la rodean. Se trata de la SIERRA DE SAN CRISTOBAL, una suave elevación al sur de la campiña y a la vez un mirador natural sobre la bahía gaditana. Y por ello un lugar muy atractivo para el hombre: hay desde restos de un poblado ibérico hasta canteras trabajadas en la edad media; sin olvidar la proliferación actual de viviendas ilegales que ocupan un terreno de titularidad pública y militar que durante años fue cuestión de litigio entre los términos municipales de Jerez y El Puerto de Santa María.

En Jerez siempre se conoció esta sierra como la sierra de las canteras y es que sus zonas mas altas fueron recortadas y horadadas para sacar los "cantos de Xerez" con los que se construyó (entre otros edificios notables), en los siglos XV y XVI la mayor catedral gótica de Europa, la de Sevilla. Los cantos se bajaban en carretas de mulas hasta el muelle de El Portal, se embarcaban en navíos que bajaban el río Guadalete, salían a la bahía de Cádiz hasta llegar a Sanlúcar y remontaban el Guadalquivir hasta las cercanías de la Torre del Oro en Sevilla. Allí eran cargados en carretas de bueyes para ser llevados a pié de obra. 


Patio de roca que ha quedado al extraer la piedra "a cielo abierto".

Curiosa formación que quedó así por no explotarla los canteros al encontrarse una columna natural de roca de mala calidad para la construcción.

La delimitación de gran parte de la Sierra por los militares, aprovechando sus cuevas artificiales como polvorines, ha permitido salvaguardar una gran área de la excesiva presencia humana y de otras ocupaciones como el pastoreo, la caza, etc...


Estas hoy abandonadas zonas militares son las que debieran preservarse con alguna figura de protección ambiental (quizás la mas factible sería la inclusión en el cercano Parque Natural de la Bahía de Cádiz). Aunque también debe darse a conocer su valor y así concienciar a los posibles visitantes de la riqueza en biodiversidad que tenemos al lado de casa. Actualmente existe una iniciativa para recuperar una de estas fincas militares, el Rancho de la Bola, para el uso público. Para mas info sobre esta plataforma puede verse una interesante entrada en el blog "entorno a jerez".

Las cuevas artificiales, algunas monumentales por sus proporciones, merecen una visita pero con el debido cuidado en algunas zonas que están derrumbándose.
 
A lo largo de los años algunos visitantes de las cuevas-cantera han ido dejando testimonio de su paso como puede verse en este "grafitti" grabado donde puede leerse "esta cantera es de manuel creo se abrio en el año de enero 1864", junto a la figura de una virgen quizás.



Las arañas, como esta Araneus diadematus que acecha en su trampa siempre bocabajo, son habituales moradores de estas cuevas. En la foto inferior una colonia de opiliones pendientes de identificar.



Colonia de opiliones.

 
Con suerte puede verse algún camaleón común (Chamaeleo chameleon), haciendo equilibrios entre las finas hojas de la retama, en unas de sus poblaciones ubicadas fuera de la cercana costa.

Una siempre vistosa Iphiclides podalirius descansa en la retama.

 
Esta pequeña mariposa conocida como manto bicolor (Lycaena phaleas) vuela mas cerca del suelo que otras especies por lo que es mas fácil verla posar sobre plantas de bajo porte.

La mancha azul (satyrium spini) es habitual según los expertos en zonas de montaña (por tanto poco habitadas) pero nosotros la encontramos sobre una gramínea en la Sierra de San Cristobal.

Espectacular este Nemoptera bipennis, que parece una mezcla de mariposa y libélula y gusta de volar a primera hora del día y al atardecer. Esta especie es endémica, y única, de la Península Ibérica y no muy común, sólo otras dos especies europeas del género se pueden encontrar en la lejana península balcánica.

Mantis religiosa al acecho. es muy abundante y fácil de observar en San Cristóbal.

 
Y de la misma familia Mantodea este macho adulto de Empusa pennata.

 
Y este bichejo verde que agoniza en la trampa de una araña es un ejemplar de Apteromantis aptera, una especie de mantis endémica de la península que se creía extinguida hace unos años y que tiene en la Sierra de San Cristóbal una población interesante. De todas formas sigue siendo una especie incluida en el Convenio de Berna, catalogada como Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza e incluida en los Reales Decretos 1997/1995 y 1193/1998 por los que se establecen medidas para contribuir a garantizar la biodiversidad mediante la conservación de los hábitats naturales y de la flora y fauna silvestres.

 
Y hablando de arañas destaca por su vistoso atuendo esta Eresus cinnaberinus o araña de tubo. En algunos países europeos está catalogada como especie protegida, no así en España.

Otra especie peculiar presente en la Sierra de San Cristóbal es esta Macrothele calpeiana o araña negra del alcornocal, especie endémica del sur penínsular con su mayor población en nuestra provincia. Se trata de la araña de mayor tamaño de Europa y aún no se tienen muchos datos de su ciclo biológico. Una auténtica rareza al lado de casa.

 
Synaema globosum cazando al acecho sobre una flor de lirio. Araña muy común pero no menos vistosa por el dibujo del abdómen. Algunos la conocen como araña napoleón ya que la mancha negra parece la figura del famoso francés con su sombrero de gala.

Lagartija colilarga occidental (Psammodromus manuelae). Incluida en el Catalogo Nacional de Especies Amenazadas.

Pareja de Pimelia sp. donde es difícil saber el sexo de cada ejemplar.

 
Sepidium bidentatum un curioso coleóptero con aspecto prehistórico fácil de pasar inadvertido sobre las rocas y musgos.

 
Melöe majalis alimentandose de la que puede ser Hyoseris scabra. Una planta muy rara que solo tiene dos citas en la provincia. Una de ellas precisamente en la Sierra de San Cristóbal.

 
Muy bien mimetizado este Leptynia attenuata es una de las cuatro especies de insectos palo presentes en la península.

Estas llamativas chinches son la Graphosoma lineatum (chinche del milan) y Graphosoma semipunctatum. Su llamativo color avisa a posibles predadores de su desagradable sabor. tampoco es agradble el olor que desprenden si se las toca.

 
Dos estados de la Epilachna argus o mariquita de once puntos. Imago arriba y pupa abajo.

 
También las orquídeas están presentes. Para verlas en flor hay que buscarlas entre el final de invierno y principio de primavera. La O. especulum es especie protegida.

Pinos solitarios en las cercanías de la Cuesta de Matajacas. Al fondo una garita militar abandonada.

 
Bellas flores amarillas con nervios rojizos de Ononis sp. Precisamente una de las pocas poblaciones de la Ononis leucotricha (endémica de la costa gaditana) se encuentra en San Cristóbal.

 
Frutos de Arum italicum destacando por su colorido en pleno verano.

Anchusa calcárea, típica de arenas costeros y presente en la Lista Roja de Flora Vascular de Andalucía.

Puede ser Anthemis bourgaei, una compuesta de la que solo se conocen dos poblaciones mundiales: en Vejer y en la Sierra San Cristóbal. Una de las joyas del lugar.

Y la otra gran joya natural de la Sierra de San Cristóbal es este pequeño caracol que vemos sobre esta flor de escabiosa (Sixalix atropurpurea subsp. maritima).

Se trata deTheba pisana arietina. Un caracol cuya única población mundial se encuentra en esta humilde Sierra. Es un primo muy cercano de los caracoles chicos comestibles que en esta época tanto se consumen en la baja Andalucía. Se diferencia por no tener bandas oscuras, tener la concha mas aplanada y no ser comestible. Según los expertos está en regresión por la ocupación de su hábitat por el caracol común. Se me ocurre que la recolección del caracol comestible en la zona sería una medida positiva para esta especie única en el planeta. Así que igual nos vemos en la Sierra de San Cristóbal cogiendo un guiso de caracoles y, de paso, favoreciendo la protección de la riqueza en biodiversidad de este lugar.