"Delectando pariterque monendo" Horacio

13 ene. 2018

Nevada de enero 2018 (Sierras de Grazalema y Ronda)

 
"Desde Grazalema se continúa subiendo suavemente hasta lo alto de la sierra que llaman Puertoboyal, y es de los mayores de Andalucía; y surte de nieve a Cádiz y a otros muchos pueblos. Desde la eminencia, que es muy frondosa por los árboles que la coronan,  se alcanza a ver entre aquellos riscos el Peñón de Gibraltar sobre mano izquierda, y enfrente las ciudades de Arcos, Xeréz  y hasta Cádiz".

Antonio Ponz, Viage de España en que se da noticia de las cosas mas 
apreciables y dignas de saberse que hay en ella. (siglo XVIII)


 Parece que este año ha empezado como los de antes (ojalá); como cuando el viajero y abate Ponz describía nuestra Sierra citando esos pozos de nieve que se llenaban para luego bajarla, en caballerías y de noche, para refrescar a las clases pudientes de las principales ciudades de la provincia. De momento hemos disfrutado de la primera nevada de 2018 y el inicio del invierno se está portando mejor que el seco otoño que hemos pasado.
 
Horas antes de las primeras nieves, una parada en el Puero del Boyar nos enseña un cielo limpio y un mar de nubes que poco a poco sube a la Sierra desde la campiña.

Pocas horas después ya nos cubre un cielo plomizo, mientras, los buitres de Monte Coros se afanan en aportar ramas y pasto a sus nidos. Está deseando llover pero un fuerte viento hace que las nubes no se paren sobre la Sierra.

 Cerca del Puerto de las Palomas un joven macho de cabra montés apenas se inmuta a nuestro paso. Solo un momento levanta su cabeza de la verde hierba y nos controla con esa pupila siempre horizontal que le caracteriza. 

  Por la tarde, la fría borrasca ya está entrando de lleno.

Y al día siguiente, antes de amanecer, ya vemos al San Cristóbal con nieve desde Grazalema.

 Un desayuno rápido y nos subimos al Endrinal. Desde las cercanías del Puerto de las Presillas un rato de sol nos muestra al pico Monete (o falso San Cristóbal) y al propio San Cristóbal  (que parece más bajo, detrás).

Un poco más arriba ya vemos casi toda la crestería de la Sierra del Pinar por su cara sur.  

El frío es intenso y en el suelo encontramos esta bonita estrella de hielo (del tamaño de un plato) que no sabemos como se ha formado. 

Por las Presillas.
 


La "percha de lobos" bajo la nieve.


Cuando regresamos del paseo las nubes han vuelto a cubrir las crestas del Pinar.

Mirando hacia la campiña atisbamos a ver la Sierra de Gibalbín.

Bajamos a Grazalema. Los tejados, con nieve, se confunden con las paredes encaladas.

 
Arrecia la nevada.

Cierran el Puerto del Boyar y decidimos salir por la "carretera del monte", camino de Ronda. Los quejigos están ahora tornando sus hojas a dorado, en su particular otoñada.
 
Pasamos Montecorto y tenemos una buena vista a la nevada (y cubierta) Sierra del Tablón, máxima cota de la provincia de Sevilla.

Y más cerca la meseta de Ronda la Vieja. Donde se asienta la ciudad romana de Acinipo.

El teatro romano de Acinipo.

Como el tiempo no empeora, y tenemos día por delante, bajamos a Ronda por la carretera de Puerto Saúco.

Por el Puerto del Quejigal siguen en pie carteles como este, que avisa(ban) a los incívicos con multas todavía en pesetas (y con dígitos que todavía asustan: 100.000).

 
Antes de tomar un café en Ronda subimos al Puerto del Viento, queremos visitar un dolmen. Pero tras pocos kilómetros de carretera volvemos a un paisaje recien nevado.







Estuvimos por aquí en la pasada primavera. Y entonces fotografiamos este viejo mojón de carretera con una ubicación tan peculiar (ver abajo la foto de hace 7 meses). 

 
 Cuando creíamos que el dolmen estaría bajo la nieve, nuestro amigo Manuel Limón nos indica que hay que buscarlo más abajo. Y allí está el Dolmen del Puerto del Viento, justo donde apenas ha nevado.

Una única abulaga a tope de floración destaca en este paisaje invernal.

Ronda con las sierras de Montejaque y Benaoján nevadas como telón de fondo.


Atardecer, con aguanieve, desde el Paseo de los Ingleses.

Formación rocosa conocida como "el asa de la caldera".


Para acabar, un lugar con historia donde tomar un café: el Hotel Reina Victoria, de estilo y origen inglés.

El famoso poeta Rainer Maria Rilke se hospedó aquí y escribió: "He buscado por todas partes la ciudad soñada, y al fin la he encontrado en Ronda. No hay nada más inesperado en el mundo que esta ciudad salvaje y montañera".

Atardecer desde la terraza. Un lujo gratuito que merece la pena.

 

9 dic. 2017

El Arte Sureño más "norteño"

 El título de esta entrada no es más que un juego de palabras para dar una idea de por donde nos hemos movido este otoño en busca de cavidades con pinturas rupestres del denominado Arte Sureño; ese que tiene su máxima densidad en los abrigos y cuevas del Campo de Gibraltar y La Janda. En esta ocasión ha sido por los más "norteños" roquedos de arenisca, ya cercanos a las calizas jurásicas de la Sierra de Grazalema. Allí hemos visitado un "santuario" de reciente descubrimiento, algunos abrigos menores con pinturas muy perdidas y, para rematar, hemos encontrado un singular arco de roca en cuyo erosionado interior resisten algunas pinturas hasta ahora no catalogadas.

Nos movemos por un alcornocal mezclado con acebuches.
  
 Hace poco que llovió pero la llegada inmediata del frío hace difícil que solo veamos setas en plena temporada. Bueno, una sí que vimos.

 Lo que si encontramos por el suelo del bosque son algunas cuernas de gamo y venado.

Casi en lo más alto de un cerro ya se adivina un roquedo.

Simón nos ha llevado a uno de sus últimos descubrimientos (verano de 2015). El complejo de Cuevas del Laurel. Un berrueco de arenisca con varios abrigos, grietas y cavidades que seguramente fue un santuario prehistórico y del que, por suerte, todavía quedan tres paredes con pinturas.
 
Empezamos por Laurel III. El abrigo más amplio y que por tanto ha sido más utilizado como refugio por animales y gente del monte.

 Por suerte en las zonas más altas de la pared se han conservado trazos y dibujos esquemáticos. Solo la "chorrera" blanca que deja un cernícalo, cuando descansa en una repisa, sigue tapando alguna pintura.

En un lateral queda parte de un dibujo incompleto (lo hemos destacado en formato "gif", como algunas de más adelante) por la pérdida de soporte. La laja ha caído por algún efecto natural (erosión) o quizás humano (al hacer fuego junto a la pared).

Dos grandes dibujos. El de la izquierda nos recuerda a un "estandarte" similar en la Cueva de Atlanterra (más conocida ahora como Cueva de las Orcas, la que se ha protegido con rejas este año cerca de Zahara de los Atunes).
 
 Una de las figuras más destacables y con gruesos más anchos: queremos ver un gran íbice con los cuernos hacia atrás y quizás montado sobre otra figura anterior.

Bonita pared cuajada de helechos (Davallia canariensis) sobre Laurel III.
 
Rodeando el paraje llegamos a Laurel I. Un hueco extraplomado que debió guardar un amplio panel con pinturas. Está orientado a levante y el viento aquí es un agente más agresivo.


A pesar de ello se advierten algunos trazos de difícil interpretación y una figura con forma de sol (abajo a la derecha).

En el techo se mantiene un característico nido de vencejo cafre (Apus caffer). Rara ave de origen africano que empezó a criar en la península en 1964 (1ª observación de nuestro amigo Olegario del Junco en la costa de Zahara). Adorna la entrada con plumón y es un ave muy territorial que expulsa a otras golondrinas de su zona, incluso ocupa sus nidos.
 
El nombre de Cuevas del Laurel proviene de los laureles que aprovechan la humedad entre paredones para formar un buen bosquete repartido por el roquedo.

Un laurel (Laurus nobilis, especie protegida) lleno de bayas sobresaliendo entre las rocas.
 
El escaso suelo está cubierto casi exclusivamente por hojas de laurel. Crujen secas a nuestro paso mientras desprenden su agradable aroma.
 
Rafael revisa huecos y paredes sin ningún resultado. La roca está lisa y brillante del roce de los animales (herbívoros) que se refugian aquí.
 
Abrigo de complicado acceso y sin pinturas (posiblemente por la fuerte erosión).

En un pináculo del roquedo que parece inaccesible se advierte el hueco de Laurel II. El mejor abrigo con representaciones.

 
  Acceso a Laurel II.
 
Allí arriba se guarda un fantástico panel con figuras muy interesantes: danzantes, ídolos, escalones, ... una joya del Arte Sureño.

Posiblemente la representación más singular. Una figura humana con tocado, un chamán que sube por unos escalones dibujados sobre una forma ondulada, vertical y natural de la roca. Abajo dos ídolos oculados.
 
Y otra imagen muy especial es esta escena que describe un enlace hierogámico; la representación de una escena de enlace sagrado o tribal entre un hombre y una mujer. Consta de una figura masculina con el pene bien marcado y a su derecha una figura femenina con una especie de bolsa entre las piernas, en una clara alusión al embarazo o ya directamente el parto; ambas figuras están enlazadas por pies y manos y todo dentro de un círculo de puntos.

Desde las alturas de Laurel II.

Dejamos las Cuevas del Laurel, fascinados por lo que hemos visto.

Paramos a comer algo y allí alucino con esta placa de arenisca en la que veo un ídolo de piedra con grandes ojos. Eso sí, algo extraviados.

Perdemos altura camino de otro roquedo con pinturas.

Nos alegra ver algunos rodales de alcornocal que nunca han sido descorchados.

Nido de avispa alfarera bien cerrado hasta la llegada de la primavera.

En una rama de quejigo cuelga este hongo "melena de león" (Hericium erinaceus).

Caja nidal en el alcornocal.

Una enorme laja inclinada nos acerca a otra cueva pintada.

Cueva del Conejo. Sobre un escalón de roca y a la que se accede por un repisa en zigzag.

En las paredes, quemadas por el fuego de algún pastor o corchero, apenas son visibles los trazos. Aunque en directo si son más fáciles de adivinar.

En una zona limpia, pero erosionada, quedan restos de pintura.

En este roquedo encontramos un pequeño helecho entre las grietas. Se trata de Cheilanthes tianei, un helecho muy raro por aquí abajo y con pocas poblaciones en la provincia.
 
Un antiguo corral para guardar ganado que aprovecha piedra natural y muros de piedra seca.

Cuando ya el sol empieza a caer nos parece ver como sus rayos se cuelan por un hueco de roca.
 
Se trata de un arco natural de piedra que apenas sobresale entre el bosque de alcornoques. ¿Y que están viendo Simón y Rafael?

Pues resulta que la sorpresa es mayor cuando vemos, en las caras internas del arco, que hay pinturas resguardadas en pequeñas hornacinas. Figuras antropomorfas con los brazos alzados. ¿Más danzantes?

Destaca esta figura humana levantando o lanzando una herramienta, o una honda!! A ver que opinan los expertos.
 
Vista de otra cara del arco con el sol de la tarde. Lo bautizamos, a efectos de catalogar sus pinturas, como "Arco de la Judía".
 
Bloques y callejones...

 
  ...que nos recuerdan a Bacinete (Los Barrios).
 
 Cerca queda la Cueva de la Albarrada. Con pinturas muy gastadas donde hay que forzar la vista. Tanto que vemos varias arañas (a la derecha en la foto).

Se trata de la especie Tama edwardsi. Típica de abrigos y paredes rocosas de arenisca, donde caza y se camufla de forma mimética con la roca.

Para acabar una novedad para nosotros, ver ese narciso campanilla (Narcissus bulbocodium) que empezamos a ver en flor siempre a partir de enero. ¡¡Y vimos varios en flor todavía en otoño!!


NOTA FINAL: Hemos evitado citar topónimos de los lugares visitados y publicar fotos con panorámicas del paisaje para preservar estos espacios hasta su mejor estudio y catalogación. Agradecer a los amigos Simón Blanco Algarín por sus descubrimientos e interpretaciones y a Rafael Sánchez Carrión por su compañía y ayuda en las identificaciones.