"Delectando pariterque monendo" Horacio

19 abr. 2016

Que fue de "la Jerezana" en Tierra de Barros

Desde hace algún tiempo teníamos una cita pendiente en Villafranca de los Barros (Tierra de Barros, Badajoz). Sabíamos de una conexión entre esa villa pacense y un reconocido jerezano que mantuvo allí una curiosa historia, con final no muy feliz, pero que apenas se conocía. Ni siquiera en la propia Villafranca.

 
 Todo empieza en 2013 con la publicación de este libro y la exposición de fotografías del arquitecto jerezano Francisco Hernández-Rubio (1859-1950), uno de los primeros fotógrafos aficionados, o no profesionales, de Jerez. Exposición comisariada por el ya desaparecido investigador y también fotógrafo Adrián Fatou.


Adrián Fatou Valenzuela dejó de estar entre nosotros a sus 53 años. Fue hace solo unos meses (dic.'15) tras una repentina y fatal enfermedad. Fue la persona que "re-descubrió" a Hernández-Rubio y su obra. El libro, y la exposición fotográfica, con una selección de 82 fotos de entre mas de 600 que recopiló, se realizó por la vía del multi o micro-mecenazgo.
 
 Aunque la propuesta nos llegó casi al final, tuvimos el honor de colaborar con el proyecto de Adrián. Nos propuso patrocinar una foto de Hernández-Rubio junto a una mina que compró y explotó en Villafranca de los Barros. El carácter emprendedor de Hernández-Rubio era indiscutible; no solo en la que fue su profesión, la arquitectura. También hizo sus pinitos en química, donde formuló un colirio para aliviar la cojuntivitis que repartía gratis entre los pobres de la época. También fabricó agua de colonia, caramelos de varias esencias, diseñó abanicos y hasta un paso de semana santa.
 
Y también la minería. Hernández-Rubio, junto con su hermano Juan, ingeniero, y dos socios madrileños compraron, en los primeros años del siglo XX, una mina en las afueras de Villafranca de los Barros (en la foto el arquitecto junto a una bocamina). La mina Aurora, de propiedad portuguesa pasa a sus manos y cambia el nombre por "mina la Jerezana". Entre 1910 y 1915 se extrae plomo argentífero y vanadio; y adquieren hasta 12 hectáreas para prospectar donde se concentran hasta cuatro pozos, que se perforan a medida que se van agotando. Finalmente una acumulación de problemas, principalmente el exceso de agua en las galerías, hace que en 1922 se cierre el negocio.

      Con la poca historia que conocemos de Hernández-Rubio sobre su aventura en la comarca de Tierra de Barros nos pusimos en contacto con el Museo de Villafranca. El técnico del museo José López Vázquez, tras indagar en archivos locales, nos envió la foto de arriba, inédita para nosotros, de Hernández-Rubio donde aparece la misma tartana de nuestra foto, con el ingeniero Juan Hernández-Rubio montado (hermano de Francisco), de pie el asesor de la familia: Pedro Merry del Val y el capataz de la mina Alvaro Robles, natural de Villafranca y que es el señor de amplio sombrero que también aparece en nuestra foto.

 José López, licenciado en Historia, investigó y encontró tanta información (incluso contactó con los descendientes del capataz) que escribió un artículo en la revista del Museo (https://amuvimuseovillafranca.wordpress.com/revista-el-hinojal/), donde colaboramos con nuestra foto de Hernández-Rubio. Esta colaboración nos animó a visitar Villafranca, para conocer su Museo y recorrer el mismo camino que nuestro paisano hasta la mina la Jerezana, o lo que quedara de ella. Quedamos con Adrián Fatou en que intentaría acompañarnos en este viaje, pero el destino no lo ha permitido.  

 
Llegamos temprano a Villafranca de los Barros, tan pronto que el Museo todavía no está abierto. Así que aprovechamos para dar un paseo por el centro de la villa.

 Puerta del Perdón de la principal iglesia de Villafranca: Nª Sª del Valle.

Detalle de la portada. En el decorado de las arquivoltas un cantero reprodujo la cópula de una pareja de lobos. No sabemos si estaba previsto así, ni su significado religioso.

 
Detalles decorativos en los árboles de la Plaza España.

 Todavía queda en la plaza el teléfono fijo de la parada de taxis. Un señor nos dice que funcionaba hasta hace solo un mes. Puede que pronto tenga un hueco en el museo.


 Como queda tiempo para un café un socio del CIR de Villafranca nos invita a pasar al edificio sede de esta sociedad local.

El "Centro de Instrucción y Recreo" (CIR) hace las veces de casino de Villafranca. Solo pasar a su interior parece que retrocedemos un siglo en el tiempo.
 
 Y es que los socios mantienen las instalaciones como el primer día, de bien cuidadas y mantenidas.

 Sala de lectura.

Sala de juegos de salón.

 Salón de actos.

 Sala de juegos de mesa, con las fichas de dominó esperando jugadores.

 En una vitrina podemos ver, entre otras y junto a un libro de The Beatles, un par de viejas botellas de vino de Jerez: fino Marismeño y amontillado Jandilla.

 Y llegamos al Museo de Villafranca. Inaugurado recientemente, en 2013, se ubica en una casa de la burguesía del siglo XVIII. A pesar de su mediana fachada guarda hasta una colección de piezas de gran tamaño: una colección de vehículos históricos.

 La música destaca entre las colecciones del museo. De hecho Villafranca lleva el título honorífico de "Ciudad de la Música".
 
En arqueología destaca la Tégula de Villafranca. Una inscripción única que según la última transcripción relata el asesinato de una esclava embarazada que se camufló como accidente de trabajo: “Máximo a Nigriano. Y esta fue la previsión que mostraste como responsable: enviar a trabajar a una joven que ya llevaba un feto, y que, como resultado de semejante esfuerzo, pereciese en beneficio del amo, que había sido concebido con un gran esfuerzo. Y esto lo provocó Máxima, la encinta de Trofimiano ¡Castígala!"

 
Taller de zapatero. La mayoría de estos objetos han sido cedidos por los villafranquinos.

 Consulta de dentista.


La trasera del museo ocupa lo que fueron antiguos almacenes de la propiedad. Allí se ha instalado el museo del vehículo, con piezas de todas las épocas.


 Moto-sidecar del ejército alemán de la 2ª guerra mundial.

 Un viejo Ford.

Citröen DS, popularmente el "tiburón".

 Vespa de la primera serie que se fabricó en España.


 Finalmente José López nos mostró copias de las cartas (los originales son propiedad de una biznieta del capataz) escritas a máquina y firmadas por Fco. Hernández-Rubio, dirigidas a su capataz minero Alvaro Robles. De seguro que en el archivo del arquitecto debe haber algunas cartas de Robles que respondan a estas. También había alguna carta firmada por Merry del Val.

 Y nos vamos al campo en busca de "la Jerezana". Queremos saber ¿que fue de esta aventura jerezana en Tierra de Barros? José López es nuestro guía de excepción. Conoce estos parajes desde que era un chaval cuando, paseando en bici con sus amigos de infancia, tomaba el "camino de los moros" hacia "las minas". El camino parece que sigue como hace un siglo lo viera Hernández-Rubio, rodeado de olivos y de viñas, la mayoría todavía están sin alambrar.

 Las últimas instalaciones de la Jerezana, tras ser abandonadas, se recuperaron en los años 40 (siglo XX) para extraer agua y abastecer a las fuentes de Villafranca. Actualmente la finca es un Centro de Recuperación de Aves de la ong AMUS.

 Seguimos para buscar alguna de las bocaminas de la Jerezana. En un pequeño cerro afloran algunas rocas y detrás destaca la vegetación espontánea.

 Una acumulación de piedras, restos de poda y material agrícola tapan una bocamina de la Jerezana. Aquí estuvo nuestro paisano hace un siglo y puede que aquí mismo, si no muy cerca, hiciera las fotos con la tartana que le acercaba a la finca minera. 

 Allí cerca queda uno de los cerros mas alto del entorno de Villafranca. En este lugar aparece material arqueológico cada vez que algún tractor ara la tierra. Junto a una vid vemos distintos trozos de cerámica y hasta un borde de tégula romana.

Nos cuenta José que la mina Jerezana se cerró en 1922. Se vendió la maquinaria y con ese dinero, y seguro que algo mas, Hernández-Rubio montó en la villa una destilería con la que siguió dando trabajo a su hombre de confianza en Villafranca Alvaro Robles. Compraba vino en las bodegas de la comarca que destilaba para fabricar orujos y aguardientes. Este hecho no aparece en la biografía que sobre Hernández-Rubio escribió nuestro amigo Adrián Fatou. No sabemos si por desconocimiento o por falta de datos en el archivo familiar. En la foto Fco. H-R en la calle Porvera de Jerez (frente a su casa) aparece con su coche Austin y su bicicleta, que utilizaba para los desplazamientos por la ciudad.

 El arquitecto jerezano Francisco de Paula Martín Matías Pedro Hernandez-Rubio y Gómez (así consta en su partida de bautismo) murió a los 90 años de edad. Fue atropellado, en la misma calle donde nació y vivió toda su vida, por uno de los pocos coches que circulaban por entonces en Jerez. Posiblemente no lo escuchó llegar debido a la sordera que sufría por su avanzada edad. En la foto algunas de sus placas fotográficas, que fueron expuestas en su día y que se guardan en el archivo familiar gracias a su nieta, la señora Mercedes Hernández-Rubio Parody, que tuvimos el placer de conocer.
 
Y ya que estamos en Tierra de Barros nos acercamos a la ciudad mas importante del sur de Extremadura: Zafra. Ya la conocíamos pero como queda cerca de Villafranca y su casco antiguo siempre merece una visita... En la foto la Plaza Grande.

Casa del Ajimez (s. XV).

Detalle de la Plaza Chica.

Iglesia de la Candelaria.

Entramos para ver los cuadros de Zurbarán que hay en esta iglesia. Zurbarán, al contrario que Hernández-Rubio, fue un extremeño que fue a Jerez a hacer fortuna pintando los cuadros del monasterio de la Cartuja jerezana.

No conocíamos el convento de Santa Clara, que ahora es visitable y gratuito.

Interior del convento con exposición de sus tesoros.


Una parte del convento sigue ocupado por monjas de clausura. Su especialidad son los dulces y pastas. Pero el viejo torno está cerrado.

Pero es que las monjitas han renovado instalaciones y ahora es posible comprar sus dulces por una ventana de cristal que las conecta con el resto del mundo.

Para rematar el fin de semana nos acercamos a Usagre. Unos amigos nos han invitado a una fiesta popular en honor a San Isidro. Se celebra junto a la ermita y allí está todo el pueblo e invitados forasteros.

El plato mas popular de la comarca es la chanfaina. La chanfaina es una receta tradicional cuyo origen proviene de  cuando el ganadero encargaba al pastor que sacrificara algún cordero para asarlo a la manera tradicional. El pastor entregaba las “partes nobles” del animal a su señor, tras separarlas de las entrañas. Entonces, con esas "partes innobles" (casquería) del cordero, que se quedaban, se preparaba (y todavía se prepara) la chanfaina.

Los precios son populares, (casi) todo a un euro, para recaudar fondos para la cofradía de labradores. Hasta se rifa ¡¡una potra!! (no se que haremos si nos toca).

 Cuando nos disponemos a volver al sur varias de estas bellezas nos hacen parar y hacerle unas fotos: la orquídea mariposa (Anacamptis papilionacea subsp. expansa).


Dedico esta entrada a Adrián Fatou. Con el mismo afecto, y mas, con que él me dedicó su fenomenal libro sobre Hernández-Rubio.



5 comentarios:

  1. Bonito report! Pero me llamó la atención el Citroën, igual a lo que tenia mi marido, con el cual venimos para España hace ya 48 añitos, y justo al lado la Ducati como la que tenia yo! Coincidencia! Salu2.

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    1. Dorita!! Cuanto tiempo sin saber de ti!! Sabía que alguien tendría algún buen recuerdo con ese atractivo coche. No se si en tu país también le llamaban "tiburón"? Saludos!!

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  2. Una entrada de investigación de las que a mi me gusta.
    Salud

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    1. Si Manuel, con un poco de todo. Investigación hasta para saber el origen de la chanfaina (jaja). Saludos amigo.

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  3. Aunque no me ves, sigo disfrutando tu blog! Pues si, en Hol. también le llamaban tiburón, aunque en lengua Holandesa claro. Era una joya! Salu2

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