"Delectando pariterque monendo" Horacio

3 may. 2010

EL DOLMEN DE BUENDIA

La cultura dolménica tiene varias muestras de interés en la Sierra de Grazalema. Algunos dolmenes están suficientemente adecuados y señalizados para su visita aunque en el aspecto de protección los medios puede que sean insuficientes. Es el caso del Dolmen de Alberite, en Villamartín, o los dolmenes de El Tomillo en Alcalá del Valle. Dentro de los que apenas estan señalizados, aunque son bastante visitados, están el Dolmen de El Charcón en El Gastor y el Dolmen de La Giganta. Este último ya en la provincia de Malaga (cerca del Puerto de Montejaque), aunque dentro del conjunto orográfico que conforma la Sierra de Grazalema (al oeste del río Guadiaro).

Desde el Puerto de Montejaque la Sierra de las Nieves y parte de la ciudad de Ronda a sus pies.
El puerto de Montejaque (756 m.) es un lugar privilegiado por sus perspectivas. Frontera natural entre las provincias de Malaga y Cadiz: a un lado Grazalema y su parque Natural y al otro Ronda y su no menos famosa Serranía. Muy cerca de este punto hemos visitado, en varias ocasiones, el Dolmen de La Giganta. Asentado en tierras de labor (primero de cereal y ahora un olivar) ha cambiado su entorno desde la primera vez que lo fotografiamos.

La Sierra del Endrinal (Simancón 1.569 m.) desde el Puerto de Montejaque.


Bajando el puerto en dirección Ronda un cruce nos señala el desvío al pueblo de Montejaque y a la Cueva de La Pileta. Este punto era la única referencia que teníamos para encontrar un dolmen, el de Buendía o del Gigante, que veníamos buscando desde hace años. Una foto de 1944, de la colección Legado Temboury (Diput. de Málaga) que encontramos en internet era nuestra reseña gráfica.

La Loma del Moro es una singular meseta muy pareja a la cercana Mesa de Ronda La Vieja. Su ladera sur es una cárcava de molasa (la misma roca que el tajo de Ronda) con restos de cuevas habitadas. Su parte alta se encuentra adehesada y sembrada de cereal en sus zonas mas abiertas.

Paseando sobre la Loma del Moro apreciamos viejas encinas. Bajo una de ellas unas grandes losas de caliza nos llaman la atención. Al fondo el Monte Coros (1.328 m.) y el Puerto de las Palomas.

 
Mientras caminamos nos encontramos, entre el cereal, con estas bellas flores de la "mala hierba" Linaria latifolia.

También numerosos ejemplares de orquídeas Ophrys lutea amarillean el suelo.


Nos acercamos a la encina (foto en mano) y por fin estamos ante el Dolmen de Buendía.

Comparativa entre la foto de 1944 (izq. en sepia) y una actual (debajo en b.y n.). Puede verse, bajo las ramas de la encina, la silueta de la Sierra del Pinar (1.654 m.). El tronco junto al dolmen está mas grueso y las dos encinas del fondo siguen existiendo, aunque las tierras ahora están labradas y por tanto han desaparecido los arbustos cercanos.

El Dolmen de Buendía se encuentra prácticamente igual después de casi 70 años entre cada foto. Quizás la piedras están ahora mas elevadas por la cercanía a la encina. De seguro que las raíces estan empujando lentamente la losa vertical (o "cobija") y por tanto elevando el gran ortostato superior. ¿que pasará finalmente con este monumento con el paso de los años? Lo que hoy vemos es lo que queda después de 2.500 años. ¿Cuantos años seguirán pasando sin que se proteja este enclave arqueológico?


Desde este lugar, a 750 m. de altitud, podremos disfrutar una fantástica panorámica de la Sierra de Grazalema. A la izquierda las moles calizas del Reloj y Simancón, casi en el centro el Peñón Grande y el Puerto del Boyar. Los mas altos Pico San Cristobal y Torreón. Mas a la derecha el oscuro Cerro de Las Lomas (se aprecia incluso el corte de la carretera del Puerto de las Palomas) y finalmente el Monte Coros.

 
Vista amplia del Dolmen de Buendia o del Gigante.

 
A unos metros de las grandes losas puede verse todavía el arranque del túmulo o colina artificial que cubría originalmente el dolmen. Algo que no hemos visto en otros dolmenes de la sierra.

Para terminar una foto de este numeroso grupo de habitantes del dolmen. Un nido de arañas con cientos de alevines dispuestos a dispersarse.

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